Hipólito Alvarado (Ecuador, 1929)

 

 

alrededor de los ojos de ella

 

 

hoy he vuelto a ver unos ojos         

desde nunca siempre vistos

desde tres esquinas de tiempo de trompo

desgirando hacia atrás su propia espiral

en otros ojos más pequeños

que atisban desde adentro

la tarde de niños y de pájaros

jugando en el portal las bolas oo   o   oo

bajando

            una

                        escalera

ojos vueltos en el aire para arriba

tragaluz

desde el fondo del cielo para abajo

las nubes

su cabeza el pelo

cascaditas negras en los hombros

y en el charco de agua al final de la escalera

su cabeza

mi cabeza encima de sus hombros

reflejadas contra el piso

interminable caracol de sus pies para abajo

de mis pies para arriba

sus ojos se topan disculpe

oh no mía es la culpa estaba en el cielo

contemplando unos ojos

ella apagó su sonrisa

escondió sus ojos

y se fueron de largos sus cascadas negras

remansadas en la espalda

y se acabaron para mí las gradas

hasta olvidé donde iba

sólo sentía que iba bajando lentamente en un túnel

al otro tiempo más abajo

ella desde las gradas del jol me esperaba

nos miramos un chispazo de luz

otro chispazo de más luz

y devolvió los ojos a sus amigas

conversa sonríe

habla voltea y mira

y yo espero en suspenso su mirada

descubro en silencio el fino vuelo del mensaje de sus ojosç

de sus manos y de sus dedos

de su anillo

desde entonces han volado

muchas tardes de soles abatidos

muchas noches de lunas desgastadas

cuántas cosas han pasado desde entonces

hasta lluvias y relámpagos

despistados del invierno

algunas veces la veía en el bar

o simplemente caminando

en la vereda del parque del tránsito aéreo

muy de su marido colgado del brazo

escondiendo en los repliegues de la blusa

sus tres meses de espiga para adentro

alguna vez en el parque centenario

muy de mamá inaugurando el cochecito

an gú

            an gú

                        an gú

mírale tiene los ojitos de ella

escamitas verdes en fondo de plata marina

profundos

alegres

inquietos y hoy la he vuelto a ver

desde una noche de verano temblorosa de frío

sol escondido detrás de sus ojos

delante del cristal oscuro

mirándome

mientras habla por teléfono

hola

yo estoy detrás de esa mole con figura de hombre

sentada delante de mis ojos

número equivocado señor

sabes te amo desde la escalera de entonces

número equivocado señor

sabes

oh dios están cruzadas las líneas

te amo desde el portal de la esquina

tú parada en las gradas mirándome

qué dice

que te amo desde la esquina de siempre

nunca

imposible soy casada

olvídelo

clip

y a mí que me importa carajo

yo sólo sé que te amo y eso basta

 

 

Pedro Lastra (Chile, 1932)

 

 

Relectura de Enrique Lihn

Porque escribí estoy vivo.
E. L.

Pero yo que no escribo,
yo que casi no tengo ya palabra,
Enrique Lihn, amigo de los mejores días
(esos que no llegaron)
qué puedo hacer por fin
para encontrar el reino que sólo el sueño crea
con la palabra que no estuvo en el sueño:
los pájaros de antaño
o una muchacha junto al jazminero
en el centro del patio, si es que hubo ese patio
y no lo inventa el otro que soy al regresar cada mañana
mi enemigo mortal, el que habita en mi casa,
el que niega y se burla
de mis pequeñas trampas de tahúr obstinado
o de aspirante al cetro de los justos,
si es que hay justicia y justos
y diluvios, con su inmortal paloma
y todo eso.

 

 

Antonio Santos Menor (España, 1943)

 

 

Vivir

 

 

Hay que gastar la vida

hasta dejarla rota,

colgarla de nosotros

como una simple prenda

y no aflojarla nunca,

aunque la moje el agua

de todas las tormentas

o las cuartee la furia

de todas las resacas.

 

Hay que gastar la vida

hasta volverla hilachas

y dance nuestro cuerpo

riéndole a la muerte.

Hay que gastar la vida

hasta dejarla quieta

como una leña ardida

que expira toda enclenque.

 

Hay que gastar la vida,

gastala a manos llenas

para que cuando llegue

la muerte a darnos guerra

no encuentre ni un resquicio

de nada para ella.

 

 

 

Ralph Nazareth (India, 1945)

 

 

Indio Puro

 

 

La pureza es lo que la pureza hace.

Por lo demás todo es mezcla

en los puertos en el cruce de los ríos.

Confusión de sinapsis

Enzimas mezcladas como saliva

son intercambiada entre lasrazas.

El esperma y el ovulo se mezclan

en el sueño amniótico sin importar los colores.

La pureza es lo que la muerte hace

mientras descansa en un estado sin división.

Hasta los enemigos jurados vienen

atraer coronas de flores

aunque algunos de los capullos dejen escapar

la sangre de tu clan.

Es con cierta dificultad

que digo estas palabras:

Soy indio

y deseo ser visto como tal

compuesto y descompuesto

en el encuentro y la partida de los mundos.

 

 

Juan Manuel Roca (Colombia, 1946)

 

 

Confesión de un solitario

 

 

Llevo años, buenos años, viviendo con Nadie.

Sin darme cuenta, sin hacer esfuerzos,

Me acostumbré a las costumbres de Nadie.

A punto de demandar mi atención

Ocurre que siempre se arrepiente. Quizá lo hace

Para no entrar de rondón en mis silencios.

De las lenguas de Babel

Nadie elige un habla cautelosa.

Ni siquiera cuando tropiezo y maldigo

Da muestras de sorpresa o de disgusto.

Que yo encienda la lámpara del desvelo

O entone una antigua canción en la alborada

No es motivo de molestias para Nadie.

No hace preguntas cuando regreso de viaje,

De una ciudad cuyas calles nunca desembocan

O de un crucero por las provincias del mangle.

Llevarle flores a Nadie es darle hojas al otoño,

Pues ha hecho del silencio su jardín.

 

 

Rémy Durand (Venezuela, 1946)

 

 

El hombre que llora

 

 

a G.R.

el hombre que lloraba

 

El hombre que llora

viste flores negras filigranas amargas

ya no tiene nombre

 

me llamo nadie dice

no sabe cómo se llama

no sé cómo me llamo

qué importa

olvidó quién es

¿quién  soy?dice

quizás el tío ese que cruza la calle

sin brazos sin mirada

 

El hombre que llora

ya no puede respirar

¡aire por favor aire!dice

ni caminar tampoco andar

en su camino yacen vasijas sucias

prendas tiradas y desgarradas

vestuarios arrugados  trajes sin baile

camisas manchadas con palabras vacías

un continente entero echado al suelo

floración sedientaesperanzas marchitadas

 

El hombre que llora

tiene ganas para nada

no quiere vestirse

¡ay! otra vez afeitarme mirarme los huesos en el espejo

los ojos sin niña mis ojos exánimes

otra vez vestirmequé putada la guerra y esos amores fantoches

qué jilipollada la San Valentín

 

sólo quiere vagabundear desnudo el hombre que llora

por los caminos del infierno

 

dices que me amas pero te vas

dices que me quieres  pero no vienes

anda  amor mío celestial amor bienaventurado

anda brindemos con champagne para homenajear

¡tú no te quedas y no te vas!

brindemos  con champagne en ese magno día de mi cesantía

litros de champagne amor mío gloriosa deliciosa

pues me jubilas me parasme invitas a reventar

sí mi damami señorita  mi señora

quédate no vengas quédate hermosa

lo sé todo eres la bella permanciente

y aquí yacen los pedazos

de tu flamante amante efímero

el que ambicionas miga de tus migajas

resíduoanda  

llámame Resíduo  me llamo Resíduo

un paso pa’lante dos pasos pa’trás

 

El hombre que llora

anda descalzo por el viento

ahí donde nadie le habla

ahí donde nadie le pregunta

¡ay! ¿cómo estás? ¿cómo andas? ¿qué te ha pasado?

pareces tristey atónito y pálido

donde nadie le habla

nadie le pregunta

¡ay! ¿cómo estás? ¿cómo andas? ¿qué te ha pasado?

 

El hombre que llora

piensa   

llevo viento mudo

cargo nieves infieles

transbordo arenas mentirosas

me engalano con huellas y surcos

reliquiasde amores rotos¿y qué?

¿Y qué?

El hombre que llora

ya no come ya no bebe

ya no escribe sino el poema

el poema del hombre que llora

el poema del hombre que llora

 

y esta jodida carta de amor.

 

 

Fernando Rendón (Colombia, 1951)

 

 

Sueño que estoy soñando

Tú estás en mi sueño con tus ojos llenos de amor

Este sueño es persistente y denso

Y lo envuelve todo ondulando como el mar

Sueño que estamos abrazados al mar y que decimos disparates

Este sueño tiene propiedades específicas

Puede estirarse y no debe terminar

De los soñadores depende que sueñen los muchos que no sueñan

Sólo puede uno despertar y amar en un día abierto sin dejar de soñar

Vivir contra la muerte y luchar en duermevela

Atrayendo como un imán al tiempo que vendrá

En mi sueño la serena existencia es más real

Es preciso dar nervio a este sueño en borbotones

Porque un sueño frágil no merece soñarse

Es preciso que nos desvelemos muchas noches soñando

Mejor un sueño sin orillas en que el mundo cambia y se libera

Cada segundo una oleada del sueño

Que encara a la  realidad y derriba a la muerte

Y nos vemos a nosotros mismos viviendo por primera vez

 

 

Fernando J. Elizondo-Garza (México, 1954)

 

 

    Trágatelo

 

 

Trágate toda esta vida

disfruta el exterminar

probabilidades de ser

en un destino no escrito

pero que ha pasado

de generación en generación

entre privacidades

y felicidades.

 

Traga sin aspavientos

que no te den asco

esos registros genéticos,

que aunque fugazmente

te llenarán, pasarán

pues nada queda

más que el recuerdo.

 

Trágate las esperanzas

improbables de existir

en esa liberación

lúdica y gozosa

que exprimiste

de tu señor

tómate todo el flujo

y cierra el rito.

 

 

Mercedes Roffé (Argentina, 1954)

 

 

El encuentro

                                                          

 

                       

si  me esperas

                        te diré

quién eres

 

 

                        —ábreme

 

 

no estoy del todo

                        muerta

 

soy tú

 

 

 

 

 Cely Herrán (Colombia, 1957)

 

Escribiente

 

 

En el amanecer está el poema,

en tus ojos y risa, va la rima,

en las gotas de lluvia desgarradas,

las metáforas mojan mis premuras.

En el cielo y el mar vuelan las prisas,

en el sol y en el árbol, las medidas,

en el atardecer fluyen los días

y los versos se escapan de la lira.

Respiro versos mientras canta el orbe

y mi sangre se vuelve melodía.

Soy un ave maltrecha y bendecida,

un pequeño escribiente de la vida.

 

 

 

Rafael Courtoisie (Uruguay 1958)

 

 

El amor de los locos

 

 

Un loco es alguien que está desnudo de la mente. Se ha despojado de sus ropas invisibles, de esas que hacen que la realidad se vele y se desvíe. Los locos tienen esa impudicia que deviene fragilidad y, en ocasiones, belleza. Andan solos, como cualquier desnudo, y con frecuencia también hablan solos ("Quien habla solo espera hablar con Dios un día").

Más difícil que abrigar un cuerpo desnudo es abrigar un pensamiento. Los locos tienen pensamientos que tiritan, pensamientos óseos, duros como la piedra en torno a la que dan vueltas, como si se mantuvieran atados a ella por una cadena de hierro de ideas.

El cerebro de un pájaro no pesa más que algunos gramos, y la parte que modula el canto es de un tamaño mucho menor que una cabeza de alfiler, un infinitésimo trocillo de tejido, de materia biológica que, con cierto aburrimiento, los sabios escrutan al microscopio para descifrar de qué manera, en tan exiguo retazo, está escrita la partitura.

Pero desde mucho antes, y sin necesidad de microscopio ni de tinciones, el loco sabe que el canto del pájaro es inmenso y pesado, plomo puro que taladra huesos, que se mete en el sueño, que desfonda cualquier techo y no hay cemento ni viga que pueda sostener su hartura, su tamaño posible. Por eso algunos locos  despiertan antes de que amanezca y se tapan los oídos con su propia voz, con voces que sudan de adentro, de la cabeza.

Los pensamientos del loco son carne viva, carne sin piel. En el desierto del pensamiento del loco el pájaro es un sol implacable. El canto cae como una luz y un calor que le picara al loco en la carne misma de la desnudez.

Pero la desnudez del loco es íntima: de tanto exhibirla queda dentro. Es  condición interior, pasa desapercibida a las legiones de cuerdos cuya ánima está cubierta por completo de  tela basta, gruesa, trenzada por hilos de la costumbre.

El único instrumento posible para el loco, para defender su desnudez, es el amor. El amor de los locos es una vestimenta transparente. Esos ojos vidriosos, ese hilo ambarino que orinan por las noches, ese fragor y ese sentimiento copioso y múltiple que no alteran las benzodiazepinas, que no disminuye el Valium, permanecen intactos en el loco por arte del amor.

Es un martillo, y una cuchara, y un punzón. Es todo menos un vestido, no cubre sino que atraviesa, no mitiga sino que exalta. El amor de los locos tiene una textura, un porte y una sustancia.

La sustancia se parece al vidrio, pero es el vidrio de una botella rota.

 

 

Galo Guerrero Jiménez (Loja, 1959)

 

 

Esperando a alguien

 

 

Desde la profunda oquedad del tiempo

me consumen tus noches de miel

en cada estación de la vida.

 

Yrene Santos (República Dominicana, 1963)

 

Rejuego

 

 

Un rejuego

una reacción

muere tu lengua al tocarme

se dilata la tinta del deseo

calcinando los cinco puntos de tu cara

Risas

silencios

resuenan en el oído izquierdo de la alcoba.

 

 

Ramiro Caiza (Machachi, 1963)

 

 

Despertar

 

 

Desplomado yace el pensamiento

entre pasajes deshabitados que dilatan

la conjunción de las voces que den vida

 al timonel de palabras emergentes

irradia el engendro en mil formas

parpadean vestigios de vocablos rotos

que musitan configurar la lengua

en un compendio de trasnochadas voces

un fino susurro golpea en la mente

perfora las barreras con sigilo menguante

suelta las severas riendas a tiempo

la lectura del día se levanta temprano.

 

 

 

Marianela Medrano (República Dominicana, 1964)

 

 

De Brujas y Mariposas

 

 

Está bien

Sentémonos a definir

Pitágoras creía en la reencarnación

-yo creo en él-

Entonces él es el gusano azul de las calladas tardes

que se enreda en mi falda

muerde la pulpa suave

Créanmelo es el que viene a mi convertido en gusano

 

¿Y yo?

Soy la voz de donde comienzan a salir los pájaros

-antes fui callada mariposa deformada en las paredes-

Posterior a eso fui dragón que sorbió su propio fuego

Cómo me gocé las llamas

En el espejo de las brasas encontré la clave

la que olvidó Dios cuando hizo el mundo

(debo decir cuando el mundo lo hizo a él)

Pobrecito anda ciego buscándose el rostro

 

No nos perdamos  Volvamos a la rueda

En otro punto

Cabizbaja asintiendo

Ocupé una silla en la conferencia de los apóstoles

Aves de presagios comenzaron a revolotear en el techo

Ciérrense ojos

ábranse piernas

el silencio se derrama entre las bocas

salpicando almohadas de piedra

 

Dije mujer

y todos los rostros se volvieron

las espadas se hundieron hasta quebrar mi cerviz

Bajaron en trocitos las hijas del amor

las hermanas

-las hermosas calaveras de las novias con ramos de azahares-

Vuelvo el rostro hacia esta parte

Los clavos comienzan a salir

Ah…porque soy Cristo

¿Entienden ahora el misterio de su ruego en la cruz?

 

¿Padre por qué me has abandonado?

Y me volvió a nacer a este dolor de vida

a esta hambre  a esta sed que no se sacia

Esta vez con un armazón de piano

El circulo del piano  el anillo de la música

-la orgía mayor de los ángeles entre mis piernas-

Sentadita en las sombras brindé

con el néctar de mi propia sangre

sangre de madera ésta que duele

 

Pasado un tiempo el teclado tomó mudez de estatua

Entonces fue preciso hacerme yo

El circulo hecho por mi

el del timón el de las batallas crudas

y los oleajes que matan

Ay la batalla de los campos fríos

la lucha del sol y de la luna

A esta ceremonia vinieron los jueces

Con risitas de medio lado

Ya saben  los sabios  los triunfadores

Me negué a ser el astro y escupí sus caras

-Fue como pasar la caricia sobre jardín de espinas-

Desnuda me echaron de nuevo al fuego

 

Vengan a la fiesta de la bruja

la que come lagartos para asustar imbéciles

fermenta astros de visión para gozarse

relamiéndose los labios

La de la boca de fresas y saliva agria

que conocer el arte de la muerte

La que a pincelazos de insomnio abre una ruta

Animando con canciones el aquelarre

Fiesta de lluvias truenos y relámpagos

Radiografiando su praxis

-reinvención del mundo   mundo

mundo de ojos que no se cierran

de brazos abarrotando calles

Es posible una generación de locos

que coman mariposas  silabeen ruiseñores

inventando el modo de engendrar el sol y la luna

La reestructuración integral del universo

en ella la semilla del nuevo ser que sobreviva a la luz.

 

Mariana Vacs (Argentina, 1967)

 

 

Sirena

 

Dentro del cenote,

tu cuerpo es sirena y canta. 

Escucho tus melodías de infancia,

no es desaire mi mudez,

es que el aire hace rondas en la memoria

y me estaca

 

 

 

Tergel Khulganai (Mongolia, 1971)

 

 

Naturaleza humana

 

Enfocarte solo en tu propia imagen

En una foto en companía

Amarla solo, cuando tu propia imagen parece perfecta

No importa si los otros parecen bizcos

La imagen es perfectamientras tu propia imagen lo sea

 

Así es la naturaleza humana

 

Haces un brindis y la pasas bien

Tu amigo a tu lado paga la cuenta

Tú disfrutas en silencio esa alegría aquel momento

Secretamente tocando

Tus bolsillos con billetes sin pagar

Feliz más alla de ti mismo por

Tener fiesta gratuita

 

La naturaleza universal

de nosotros los humanos…

 

Alguien es miserable, violentado y herido

Busca de ti como consuelo solo tenerte para

Dejar un consejo sin importancia para ignorarlo todo

Pero, cuando llega a casa

Todos tus cabellos de  punta

Aparentemente porque tus problemas son lo peor

 

Es extrana la naturaleza humana

 

Oh, negro; gris, blanco y rojo

Tantos notables colores de la naturaleza humana

Algo que no puede ser tocado, tomado o suavizado

Tal es la naturaleza humana…

oh, la naturaleza de los hombres.

 

 

 

Diana Araujo Pereira (Brasil, 1972)

 

 

De Otras palabras/Outras palavras (RJ: 7Letras, 2008)

 

Extenderse a otros cuerpos, a otras almas, a otros corazones.  En la completud añorada de formar mapas humanos, geografías armónicas, complicidad renombrada.  Nombrarse al nombrar al otro, éste que tanta falta nos hace en la escala estrepitosa de vivir en el aire.  Estirarse en otros para completar la frase, para hacerse sentido y sintaxis humana.  Lo humano es salirse para los nombres ajenos, para configurarse un poco más a cada paso.  Embeberse en otras letras y sonidos. 

Tocar al otro, olerlo, vaciarse y volver a llenarse en la amistad o el odio.  Signos contrarios de la misma e intrínseca necesidad angustiante.  Odiar al otro es odiarse a si mismo por la incapacidad de ser entero. 

Sonreír la sonrisa ajena, llorar sus mismas lágrimas: grados de composición de un poema común.

Amar al otro es la máxima poesía.

 

                                                    

 

Carolina Zamudio (Argentina, 1973)

 

Mis muertos

Llevo mis muertos vivos en mí.

Vienen de mañana a extasiarse en mi mano

cuando acarician luminosos

las frentes de mis hijas. Uno mira al espejo

en mis ojos

de un pardo más ocre que verdoso

asomando enigmático por los párpados caídos

de otro muerto que vive en mí

hasta que la muerte nos separe.

 

 

Mayda Colón (Puerto Rico, 1975)

 

 

 

Madre:  

voy en el tren y parece una forma ideal  

para abrigarse contra el rencor del invierno.

 

Escribo porque me proporciona la certeza 

del movimiento en los cartílagos de las manos

como si para morir la historia redundara en el retorno de la afrenta

en el enumeramiento en singular de esas cosas sencillas 

que nos obligan a los gestos débiles,

a la certeza de la sombra bajo la sombra 

o al coloquio del espejo prohibido

que se cuece en los años bisiestos.

 

Voy muriendo

y presiento que me requedo en las caras

en los recuentos de los tantos nombres incomprensibles 

entre las páginas huérfanas que se teje el aguacero para inmolarse finalmente

en la certeza de los charcos.

 

Muero de mí

muero de este suicidio lento de voz que me arrastra a la dulzura absoluta del compendio

muero de las voces en la conciencia de tantos poetas escasos ya de brazos

hambrientos como lobos feroces de la siniestra transfusión de la tinta.

 

Muero rabiando de vida y descalza

muero lento, pero todo está en orden y dispuesto para esos monólogos meninos 

que dicen que calman, pero infestan como a los lienzos las pinturas.

 

Ando la ciudad;  Madre,  como a la hierba,

con los ojos

ando y mientras muero 

la inmensidad del cielo no descansa en su labor de trastocar azules para pintar el mar.

 

El mar habla tanto, Madre.

Yo escribo.

 

 

 

María Solís Munuera (España, 1976)

 

 

Un hombre que huye

 

Quiero un lugar benévolo: el mercado de pescado de Oslo. Quiero llegar de noche, de la madera, el traje, la piel negra, con la tripulación desaparecida y el capitán atado a los timones. En las mesas, las lámparas recubren con tungsteno la falsa melancolía de los peces. Los noruegos, proteínicos, se elevan. Los niños llevan los sombreros de paja y los anillos. Compraré la botella de pelo rubio. Como ellos, quiero dejar vivir a las abejas. Como ellas, quiero

 

el círculo amarillo con el círculo negro. La celda cuando se acaba el día. Cansarme de matar habiéndolo probado. La protección monárquica e inclinar la botella y derramar la miel sobre la falsa melancolía de los peces. El lujo y la vejez tienen tonos dorados. En el cabello, el amarillo es el siguiente paso de lo blanco. Él

 

dice lo que hay: asilo político. Canastas de mimbre para los refugiados. Cereales.  Cajones para peces en venta con el precio. Botellas con forma de balanza. Hay pelotas de tenis. Hay cítricos. Hay sopa. Optimismo. Gente de teatro. Luz. Granos de mostaza. Hay un nivel de vida. Hay mujeres que paren como reinas. Casi el récord de muertes por maltrato. Dice.

 

 

 

La mesa del almuerzo

 

Tiene algo de autopsia

la mesa del almuerzo

donde los hombres juegan

a tener importancia.

 

La precisión del corte, de la hora, del castigo

a la hija,

a la pornografía de la masticación.

La urbanidad, silencio

de tres.

 

Impolutos los dedos y el mantel,

su función es cubrir los genitales.

Los labios no rozan la comida,

en la boca no pueden quedar restos.

 

La piel no se arranca con las manos.

Se interpone el metal.

Rafael Méndez Meneses (Ecuador, 1976)

 

Mal paso


Soy el mal paso
al que no quisiste
darle prisa
la fiebre que no cedió
la herida que empezó a supurar
pero ya no duele 
por pura inercia
porque en el fondo algún día
esperas presumirme cicatriz
medallita trucha
de batalla memorable

 

 

Error incidental de observación
Casi te veo en la multitud
casi me olvido 
casi me vale madres volver a fojas cero
casi me arrepiento 
de querer llegar
muerto viviente a devorarte
casi me ganas
casi recaigo
casi 
pero no eras tú

 

 

 

Siomara España (Ecuador, 1976)​

 

 

Madre

 

Yo que aprendí el amor de las poltronas

y me salté el abecedario entre cien nombres

yo que  aprendí a contar entre las piedras

y  domestiqué la lengua en las portadas.

¿por qué me permuto  verso a verso?

                   ¿Por qué madre no me diste en letanía las primeras

                      sílabas corrientes?

y amamantaste estrofas que apuñalan como dagas

por qué me instruiste en repertorios

y  no colmaste de rosarios, este cuerpo  en llamas.

 

Porque me diste la demencia entre renglones

y rociaste con historias las primeras carcajadas

 

                           porque madre no me besas

                           y trocamos  con abrazos 

                                                         tanta nada.

 

 

 

Retorno a Freud

 

 

 

No hay nada más hermoso ni más fértil que la angustia

nada es más bello que escenificar la angustia 

entre dos cuerpos que se rompen

entre dos ciudades

asideros de la pena

entre el rostro magullado por el frío

y el sol que deslumbra y todo quema.

 

Nada es más bello ni más fértil que la angustia

de la mano extendida en las esquinas

del  frio en los portales

de las mujeres que expenden

entre sombrías alcobas

sus cuerpos magullados,

y las otras

las del pan de cada día en el sudor recalcitrante de la pena

las de polleras arrastrando como lenguas el polvo de las calles,

las de la carga al hombro

y de comidas instantáneas

inventadas para  el llanto.

Las de los coturnos impalpables,

las ligeras y prolijas de oficina

ancianas de dolor

por ser la sombra de otra sombra.

 

No hay nada más bello ni más fértil que la angustia

porque en un  teatro cualquiera

la belleza se mide por las tablas,

por los tres cuartos de luz

esparcidos sobre el pecho del que muere

porque el teatro y los aplausos

cotidianamente encienden la hoguera del ser,

la ucronía como eterna posibilidad de aquel que  espera

y la entelequia  del no ser

como única posibilidad de vida o muerte.

 

 

Xavier Hidalgo Cedeño (Ecuador, 1977)

 

Costillas devoradas

 

 

Bienvenidos

Desadaptados

No teman

Solo no pertenecemos 

Señalan:

Su infierno los devora

Mientras vivimos nuestro paraíso

Somos el desorden que trastocó su perfección.

Vibramos dentro del cascabel

no nos podemos contener

 

 

 

 

Iván Trejo (México, 1978)

 

 

7

 

lo enterraron

de pie/no lo supe hasta

entonces/ quisieron que su peso cayera sobre sus pies

deshechos/ que se fuera derrumbando

y terminara sentadocomo si descansara

de algo/nadie avisó/ ni preguntas

hicieron/mi padre tenía

los pies chuecos y sobre ellos

lo enterraron/no le gustaba esperar

y de pie me lo enterraron.

 

 

 

María Auxiliadora Balladares (Ecuador, 1980)

 

 

Hospital

 

Las escamas en la piel

Desaparecerán con láseres

Puliré los colmillos


Hasta darles la forma

Que se corresponde


Con una mandíbula humana


Cortaremos las uñas


Con alicates de ser necesario


La columna se enderezará


Con un corsé


De varillas metálicas


Lavaré el cuerpo


Una y otra vez


Hasta que todo vestigio de animalidad

Haya desaparecido


Desenredaremos el pelo


Con tratamientos agresivos


Que eliminen piojos y liendres

Desaparecerán las ladillas y los parásitos

Controlaré la digestión


Con dietas


Laxantes


O lavativas


Repetiremos al infinito


Los procedimientos

Se acostumbrará al blanco


De las paredes


De las sábanas


Acogerá a la larga la higiene

Aprenderá a gustar del silencio


Los electrochoques harán su trabajo

Con atinados estímulos

Afinaré sus torpes gestos


Le enseñaré a mirar siempre de frente

 

 

 

Verónica Aranda ( España, 1982)

 

 

Mapas

 

            Consultaba los mapas

            con un bosque lluvioso en la retina,

            y dejaba su huella

            en las contraventanas.

 

            Si fallaban las brújulas,

            si en un ardor de cal le cegaba la luz,

            ella asumía el riesgo de quedarse atrapada

            en una ciudad ajena.

 

 

Felipe López (Colombia, 1985)

 


Alguien tuvo delirios sobre el Chimborazo, y yo lo celebro con flores que limitan las cordilleras de almas guerreras

 

Acompaño a los delirantes que se atreven a pulverizarse, a los sabios, los taitas, a la papa, a la mandioca, a los tubérculos  que encontraron en estas tierras su hogar

 

Delirar  con cada mota de polvo que entra en las ventanas, porque son los vestigios

de las cordilleras, de la piel muerta de jaguares, a la sangre de la Noche triste

 

Un coraje, y deliro ante la belleza,  deliro ante el horror, por las tierras que divinizan Bachué, han decantado el rufián, el pirata, y las cadenas

 

Pero cada célula  me enorgullece, hasta mis dientes caninos, molares, se enjuagan

de la caña que delira  en el trópico, envanece   el liquido que nace de los páramos,

la chalupa que zarpa en los confines del Amazonas, la amapola que conmueve el subsuelo

 

 Hay que estar en los reclusorios de la selva y decir que esto es verdad

Delirio ante  América, porque los locos nos trepamos en las ceibas,  hacemos apnea en el Rio de la Plata, traspasamos la dimensión y la divinidad en el sabor de la ayahuasca, delirar ante almohadas que sueñan  primaveras en Ciudad perdida

 

Refugiarse de delirantes que creen en lo imposible

 

 

 

Yenny León (Colombia 1987)
 

 

 

De Entre árboles y piedras (2013)

 

Yeti, no todas las palabras

condenan a muerte.

Wislawa Szymborska

la niña se hunde

en el cuarto silencio más largo de la tierra

 

pasa el día

encerrada en una burbuja de fuego

 

el yeti se sacude

 

hasta el círculo diminuto

deja huellas de herrumbre

 

la piedra calla

contra la lluvia.

 

Irina Henríquez  (Colombia, 1988)

 

 

Hallazgo

 

 

Es obsesiva mi forma de esperar a que algo ocurra. A que salte sobre mí la fiera que se esconde tras la maleza de los acontecimientos del día. Pero no espero por más de unos segundos: yo deseo que me hallen mientras busco o mientras celebro un hallazgo equivocado.

Y la mejor forma de encontrar es estando inmóvil mientras todo rota o tañen las campanas: el mundo es entonces todas las cosas que antes o después se camuflan bajo la apariencia de lo cotidiano. Yo deseo la marea de imágenes que quedan tras cada movimiento en las más finas mallas del aire. Deseo poseer aquello que miras sin saber, todas las cosas que en el nombre del azar han sigo consignadas en la nada del abandono. Porque no te diste cuenta, porque el gavilán es dueño de su queja pero desconoce que a mí ha llegado, porque está en el mundo y es mi hallazgo.

 

Antonio Preciado Bedoya (Ecuador, 1941) 

 

Neptuno

 

Estoy aquí
para defender a mi caracol
de que, por cualquier mínimo descuido 
(después de pasar acurrucados
junto a él en su concha 
todos esos milenios, 
todos los temas,
todos los idiomas;
y tras todos los mares
y todas las resacas
y todas las mareas 
y todo lo demás
que con él en los mares haya sido), 
tenga lugar el pavoroso instante 
en que, por entre todas las certezas 
y todo lo de adentro
que todo el tiempo el caracol ha dicho, 
de algún modo,
por fin,
consigan invadirlo todos los silencios. 
Sabed bien que, por él,
yo voy de ola en ola
enarbolando un alga feroz entre los vientos; 
así que ningún buzo
y ningún capitán
me le atará la lengua
en que tengo grabados mis anhelos.
¡Dejadlo como está, que siempre estoy despierto! 
Y sabed que si el mar,
el mismo mar,
al contrario, me tapa
la entrañable verdad del caracol 
con sus estruendos,
haré en mis propias palmas, con los dientes,
dos mares apacibles
y los pondré a decirme 
al oído,
quedito, la palabra que quiero.

 

 

Jean Portante (Luxemburgo, 1950)

 

Hablo de un tiempo en que EN LA COCINA

se fabricaba menos harina que polvo.

 

de la blancura de antes quedaban solo

las tazas quebradas y la cafetera del tiempo:

quiero decir: vivir allí era un incesante

vaivén de una tela de araña a otra.

 

cuando llegaba el llamado tomaba la forma

de una sirena.

 

en la fábrica de los recuerdos bastaba

desenganchar o enganchar algunos vagones.

 

el resto: quiero decir: lo que se obraba no

lejos de allí no contaba ni los muertos ni los vivos cuando

después que pasaban los soldados faltaban en las

gavetas los tenedores y los cuchillos: quiero decir:

lo que se comía entonces había atravesado el espejo

y nunca nos hacía la señal de sumárnosle.

Ibsen Manzano (Ecuador, 1951)

 

 

La muerte se quedó frustrada

 

                                                         (A mi bien amada hermana Elina)

Ella no ha muerto,

simplemente se quedó dormida

entre sus múltiples faenas diarias.

 

Ella no se fue,

a ella la llevaron,

le pusieron las monedas en los ojos

y empujaron su canoa hacia la orilla.

 

Ella no partió al infinito,

porque era eterna como el tiempo,

porque el tiempo era eterno como ella.

 

A ella la sacaron de mi vista,

sin espumas ni caminos de coral,

sin nodrizas que alcen su lámpara,

sin decirme que se ha ido.

 

Ella fue la generosa risa,

el punto de apoyo más fijo,

el sonido solidario sin distingo,

la victoria renovada.

 

Hoy la siento entre mis dedos,

entre las páginas amarillas de los textos

o la brisa que golpea mis sentidos.

 

Ella no ha muerto,

simplemente se quedó dormida.                         

 

 

 

Rubén Medina (México, 1955)

 

 

Case in point

 

 

En un congreso

de feministas mexicanas

y chicanas en la ciudad de México,

Cherríe Moraga, autora de

Loving in the war years:

lo que nunca pasó por tus labios

y The last generation,

declaró:

“Si mis abuelos no se hubieran

ido de México hace

cincuenta años,

yo sería ahora una de sus

sirvientas”

Hubo silencio,

miradas furtivas,

arrepentimiento momentáneo

por haberla invitado,

breves conversaciones

sobre otros temas

prácticos y

más o menos relacionados

con la reunión,

pero por los siguientes días

el verdadero diálogo

seguiría ahora

por dentro.

 

 

 

Keijiro Suga (Japón, 1958)

 

2

En la otra costa, la occidental, queda enterrado un antiguo bosque,

Desde el último período glacial, el diluvio, el olvido y el estrato de la turba.

Ahora, todo está expuesto en los acantilados de esta orilla.

Tras haber presenciado el sol durante veinte mil años,

Y durante veinte mil años, el viento y las caídas de meteoritos,

Las raíces de los árboles, manteniendo su forma,

Alternan vagamente el dormir y el despertar.

De los acantilados rezuma el agua,

Que de vez en cuando llega a ser arroyo y agita mi corazón.

“Además, ¿qué sabemos? ¿Hasta dónde podemos progresar?”

No me imaginé nunca que pensara en este lamento de Goethe,

En esta cosa donde están esparcidas las letras en Hangeul y Ruso.

Con la transparente agua salada del las olas del mar,

Lavo una manzana herida y le muerdo.

En las sombras de las blancas y espumosas olas,

Reflejan una sonrisa serena del amor.

 

 

Alvaro Inostroza Bidart (Chile, 1960)

 

 

                                        in memoriam

 

 

no tuve la suerte

de conocer a Bolaño

pero sí conocí a Armando Rubio

a Rodrigo Lira

a Juan Luis Martínez

a Enrique Lihn

a Jorge Teillier

a Rolando Cárdenas

no es malo llorar a veces

hay que ser bien hombrecito

 

en la década del sesenta

-la década prodigiosa-

crecimos bajo el cielo de la utopía

la historia nos llevaba de la mano

 

en la década del setenta

nos sentamos a la mesa

soñamos despiertos

despertamos a una pesadilla

 

en la década del ochenta

lo mejor fue la poesía

la amistad la acción

compartimos las calles

los bares conversamos

del regreso de la vida

 

en la década del noventa

entró aire música

tuvimos los últimos hijos

seguimos llorando a veces

lanzamos fuegos de artificio

 

en el nuevo milenio

volvimos al perímetro

tomamos distancia del poder

buscamos nuestro propio centro

el entusiasmo lanza sus últimos cohetes

la muerte deja de ser romántica

despegan nuestros hijos

odiamos los discursos

regresan los amigos

trabajo es sinónimo de voluntad

anhelo de jubilar

de ambiciones públicas

 

no tuve la suerte de conocer a Bolaño

pero seguimos aquí alejándonos

de las luces del gentío

negociando la rendición de cuentas

los límites de las tierras

el salvoconducto la visa

pero nunca la palabra

la memoria

 

Elizabeth Cazessús (México, 1960)

 

 

Ángel/luz

La gravedad no es la tortura besando a la tierra.

Lezama Lima

 

 

Ángel/luz I

En unos instantes, la naturaleza de las cosas

grabará su eco en las caracolas,

perderán su silueta las montañas,

el río se fundirá en la sombra.

Vagarán como tú y yo sin el acoso de la incertidumbre.

Planetas amanecerán muertos en años luz,

argumentaremos ser imagen y semejanza,

revelación del polvo,

suprimido intento de sobrevivencia.

Seremos un andar de reflejos que no se tocan.

 

 

Javier Bozalongo (España, 1961)

 

 

 

Tarjeta de donante

 

 

He donado mi cuerpo

a una facultad de medicina.

Deseo que aún falten muchos años

hasta que el bisturí de un estudiante

pueda saber de mí más que yo mismo,

y por si acaso sirve alguno de mis órganos

dejo aquí algunas pistas

de lo que encontrarán en mi interior.

 

Las yemas de mis dedos guardarán el recuerdo

de quien quiso dejarse acariciar;

las palmas de mis manos no se cansaron nunca

de aplaudir cada día un nuevo amanecer;

los codos no sufrieron lesiones importantes

salvo el dulce dolor de levantar los libros;

mis hombros soportaron siempre su justa carga.

 

En mi cabeza cupo todo lo que aprendí,

en mis ojos la luz de sus miradas

y en mi lengua el sabor de algunos besos.

 

Cuando al abrirme el pecho reine la oscuridad

será por dos razones:

por el humo incontable del fumador herido

y por pequeños coágulos crecidos en mis venas

cuando los enemigos dispararon,

pero también verán un corazón

que amó cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

 

Y ni rastro del alma.

 

En mis piernas descansa un mapamundi

por el que voy y vuelvo.

Mis pies mejor dejarlos,

los necesitaré para salir corriendo

del lúgubre hospital de las autopsias.

 

¡Tonto de mí, dar mi cuerpo a la ciencia

cuando siempre he querido entregárselo al fuego!

 

 

 

César Rodríguez Diez (México, 1967)

 

 

 

(DE FENÓMENOS)

 

Desgarrando la flor

 

I

Esta flor la dejo para que hagas con ella lo que gustes.

Sofócala     acaríciala.

Es todo lo que no he podido ser.   

                                 Patria inútil.     

                                 Ahuecado tuétano.

Tu mano la sostiene con intención sospechosa.

Todo lo demás es tallo    

                                 espina   

                                 mortaja.

 

 

II

Deshojada flor sin comunión posible

revienta a cada paso

como una calle angosta

bajo el enigma.

 

 

III

Arranqué tus pétalos.

Quería sentir lo que revienta frágil.

Ojo por ojo hurgué en tu palidez.     

                                                         Quejido desflorado.

Curiosidad de un monstruo en noche áspera.

 

 

 

IV

Carencia irreparable  incrustada en lo profundo

                                                           donde algo nos sacude.     Un nombre.

Reino entumecido  en la mirada que aplasto.

 

 

 

Ely Rosa Zamora (Venezuela, 1967)

 

 

Aquí estoy. En esta habitación, sin vista

 

Una mano entra a robar mis visceras

En el tren, una mujer le pega cachetadas a un niño

Hay cuerdas que entran por la ventana para estrangularme

No son arbustos

Me toco el vientre deshilachado en almibar

La sangre brota de un costado de mi ojo

Lo incomprensible se ha transformado en una sonrisa

que me llama

No soy más lo que no puedo sacudirme con el tiempo

He cerrado las puertas para cuidar mi huerto

Escupo una culebra larga, que jalo de mi boca

Mi madre se quedó en el sueño abanicando una rosa

muerta

Como frutas de colores

Escucho el silencio al masticar en mi boca la llaga del tedio

Una bailarina sin piernas se sube al escenario

El gigante perdido de Irlanda le entrega sus prótesis

A veces no recuerdo cómo llegué a este lugar

Un Rey de dos cabezas sostiene cruces en lo alto

¡Saquemos los monstruos de la boca llagada!

No son eternos estos duendes de la lengua

No he de amparar más

esta resaca adormecida

en mis lirios maltrechos.

Espantapájaros de mi jardín

¡Saltad!

 

 

Del libro, La nitidez del embudo, Newmark Press, Nueva York, 2015

 

 

 

Faiza Sultan (Irak, 1971)

 

 

Poemas:

Vamos a darle una oportunidad a la guerra

 

1

 

El amor puede caminar

Descalzo, llamando a

 

Las puertas de las zanjas.

 

 

2

 

Las mariposas pueden usar

armaduras de pecho

En la puerta de cada rosa.

 

 

3

 

El sol puede desnudar

sus dientes

Y la noche se puede quemar.

 

 

Mónica González Velázquez (México, 1973)

 

 

LA PERSISTENCIA DE LA MIRADA

 

Todo lo que no tiene un objetivo por alcanzar,

un resultado por conquistar, un enigma por resolver,

un misterio por penetrar, no me interesa.

Pablo Picasso

0.1

Vincent girasoles-vértigo

alba-magenta en Arles.

Dinamo azul de noche estrellada:

                                   brilla en el firmamento.

0.2

Amedeo de ira los puños lleno.

Retrato de cuello estilizado y rematado con bonete.

En todas las telas Jeanne, los ojos cristalinos de azul nublado.

Cariátides circundan el mausoleo.

 

0.3

“Pero un día me regalaron un lápiz y con el brazo estirado, comencé a medir la realidad.”

Santiago, los lienzos de vetas ocres y tonalidades de sutil dorado.

Bifurca en el horizonte la mirada: toda proporción justa.

0.4

En claroscuros se perfilan los escorzos.

Maja de crin larga y oscura

                                               un corcel en sotavento.

Goya, desde el firmamento un cielo raso.

 

0.5

Kandinsky espiritual en el arte,

el punto sobre el plano y la línea:

la paleta de color hacia el universo abstracto.

 

0.6

Pollock salpicadura cara dura

y de abstracto fulgor en el libre espacio:

                                               esa mancha cobra vida.

 

0.7

El Bosco-bosque de las delicias

(lo feo, lo sublime, lo grotesco).

Pesadillas, sublimación de lo hermoso: los paisajes.

 

 

0.8

De método crítico-paranoico, segrega ironía.

"Perverso polimorfo, rezagado y anarquizante", o "blando, débil y repulsivo.”

Amalgama de obsesiones: Eugenio Salvador Dalí.

 

​​​

 

John Burns (Estados Unidos, 1977)

 

Basquetbol literario

 

William Blake saca una naranja de una naturaleza muerta de Cézanne y la arroja por el medio campo, en un pase anotador a Allen Ginsberg.  Saque de banda de Leonard Cohen para Aristófanes, a quien le cuelga un falo falso y aparatoso de sus pantaloncillos para distraer a los del otro equipo, pero resulta que distrae más a su compañera de equipo, Erica Jong. Pase de Aristófanes a Jong, pero Safo, que la tiene sin cuidado, se roba la pelota. Anne Sexton le enseña un poco de pierna desde la banda y Dante logra robarse la pelota de Safo, y enseguida mete un triple. Se queda elogiando la gracia de su hazaña, y señala que el arco de la trayectoria de la pelota es solo inferior a la curva del pecho de Beatriz, de modo que el jugador que lo defendía, Matsuo Basho, va de costa a costa, aunque rompe la regla de tres segundos, al comparar la zona del área con su cabaña en Edo.  Sentado en la banca, W. H. Auden frunce el ceño y se pregunta “¿Dónde diablos queda Edo?” Robert Graves brinca de la banca opuesta  y le grita, “No lo encontrarás en un mapa hoy en día, idiota, es como llamaban a Tokio antes de 1868”. Se enfrentan e intercambian insultos tales y como “pigmeo”, “ogro” y “jugador de palabras egocéntrico”. Mientras discuten, los entrenadores, Homero y Enheduanna, hacen unas cuantas sustituciones para que algunos de los artistas ya cansados puedan beber un poco de vino del garrafón de Gatorade. El juego empieza de nuevo y hay un salto entre Dostoievski y Tolstoi, gana la pelota Tolstoi. Pase lateral de Tolstoi a Czeslaw Milosz que se la devuelve a León, que a su vez hace una finta de tiro a Dostoievski antes de pasársela a Fredy Nietzsche, que ve cómo Yeats comete una falta intencional a Whitman. El alemán se queda traumado y le da por desvariar, lanza la pelota al aire y sale corriendo sin dirección ninguna. William Stafford, el poeta pacifista, toma la pelota y se queda con el ella en el medio campo, declarando que no participará en ningún acto de violencia, antes de entrar en un estado profundo de meditación. Hemingway arranca un ojo del retrato de Gertrude Stein pintado por Picasso y el juego se pone en marcha de nuevo…

 

 

Marco Antonio Gabriel (México, 1977)

 

 

Trapecista

 

 

Las veces que me he equivocado

intentando variar los rumbos del río

han sido las más.

 

Ahora traigo un fantasma

colgado del brazo izquierdo

todas las lluvias he puesto en él.

 

Un poco moribundo

como un trapecista,

despliega sus brazos de libélula,

me mira de lado

y sabe que la caída es inminente.

 

Es un joven lobo de río,

sabe del juego

que devora y mantiene la vida.

 

Como un suicida sin vocación

clown del abismo:

he puesto todas las lluvias en él.

 

 

Elsye Suquilanda (Ecuador, 1979)


 

            Un Shabat con Lemed

 

Sientes como la energía fluye libremente,

te enredas en una sábana de cristal,

              corres, subes, bajas,

seres pintorescos adornan tu cabeza con flores.

 

De una cortina bajas las gradas de la historia y embrujo que se van juntando en un espacio cual si fueses un gnomo en un cuento de hadas; desde la ventana veo a los títeres de Indonesia cuando ella sonríe con sus ojos puros como el cabello de un tierno clavel,

mientras tomas un bocado de vodka en una copa adornada con piedras de los Illinizas y caracoles de ojos azules.

 

El viernes ya no es más un día cualquiera…es un shabbat con ella, el que empieza cuando el sol se oculta. Una aureola de misterio nos trae a Lemed letra del alfabeto hebreo que significa “aprender”; para mí, es aprender a pintar ocasos y destellos de permanencia absoluta en un espacio enjaulado en destrozos, aprender a amar.

 

 

Techos de hojalata tiemblan antes vos,

las hormigas,

las diosas abejas,

los malignos tumores de la sociedad se arrodillan para ti, el sol se seca, las lágrimas iluminando tu cuarto, tu refugio lleno de pinturas abstractas y concretas como las fichas de aquel ajedrez del ogro cuando las consiguió para no morir.

 

 

Luces de nocturnidad,

retazos completos de tu armonía,

ahora con el humo juegas,

das tu seno a tus hijos en la galería de la concretización perfecta.

 

 

Cuando el sol se vuelve a ocultar se desdibuja otra noche entre tus amadas ilusiones

 

                                                                    (Tú…….La reina de un mundo abstracto)

 

 

 

 

Isabel Dunas (Colombia, 1982)

 

 

            ¡QUÉ MÁS DA!

 

 

 

Equipararme a la naturaleza del cambio,

vivir en la inmediatez.

Sin misterios, sin especulaciones,

dejarme ir como un río.

 

Así debe ser la vida.

 

Saberse dejar atrás,

saber ser todo

para desconocerse sin dolor,

sin arrepentimientos.

 

Y no digamos más que el tiempo dirá,

el tiempo nada dice.

Es nuestro el decir, es nuestro el enumerar.

 

Ahora,

sólo quiero ver pasar al pájaro

sentir el sol que me calienta,

el agua que me moja,

el beso de mi hija.

 

 

 

Andrea Crespo Granda (Ecuador, 1983)

 

REGISTRO DE LA HABITADA 2

 

 

Pero si esto es así, los cuervos alucinan en los eriales, y las tenazas de un espectro abrazan a la cerrazón;

 

pero si esto es así,

 se debe a una distorsión del aliento,

así que tomaremos un medicamento, una ideología platinada que pueda friccionar nuestro nervio hipogloso.

 

 

(AQUÍ LEVANTARSE Y LLORAR, LLORAR TERRONES Y RECORDAR OLORES DE 8 AÑOS)

 

 

Los huesos apilados en la dársena, el testículo del mercante arramblando la pesadilla del aguaje y sus crestas de miradas.  Hunde Dios su evangelio en nuestros senos, hunde su gracia en cada No, en cada fraudulento fracaso y es así que tus vellos se imponen a la tragedia de la llama, al silencio de la caverna donde persistes, millones de eras, hasta ser el predador de la galaxia.

 

 

(AQUÍ DESPEINARSE Y AHUMAR LOS TERRONES Y RECORDAR OLORES DE LA PRIMERA RELACIÓN SEXUAL)

 

 

El quicial corroído de polillas. La lógica de Turing descorchando universos paralelos, las dimensiones de todos nuestros años se condensan en una mancha en el cielorraso de la casa familiar. Y en un accidente ( ¿geológico?) tu juventud asesina a tus padres, corta sus pulmones y enchufa sus piernas en castigo inquisidor.

Tu juventud, muchacha, desangra el bazo de tu madre, asfixia el páncreas de los tíos; comprime la foto de los ancestros, deja en estado síncope a los enterrados.

 

 

(AQUÍ APLAUDIR Y LLORAR Y  AHUMAR EL RECUERDO DE LOS JUEGOS INNOBLES, LAS TORTURAS A LOS PRIMEROS AMIGOS DE LA INFANCIA)

 

 

Ahora recuerdas esas lanzas que enviaste contra las almas de otros niños,

 las mujeres que dejaste esperando en la cinemateca o la librería estival.

Ahora la vergüenza es tu compañera de celda y a ella le debes el recuento de cada año.

Pero no hay manera en la que seas cálido

y sin embargo, este día serás guardado en la gloria de cada río.

 

​​

lo que no tendrás,

punza su aliento en las mañanas/

 

lo que no tendrás,

duerme en el indicio de tu sangre.

 

 

 

Tamara Mejía Molina (Ecuador, 1987)

 

Soy una muñeca rota

 

Con el sexo tibio, pensando en ese casi amigo, casi amante. Qué imperante es la compañía, las noches de triunfos no son nada sin un buen culo que abrazar en la madrugada.

Encerrado en el tiempo. Es verdad, me aferro al pasado, a no olvidar esto y aquello; a veces, como ahora, me voy con cualquiera que no logré conocer, le escupo y me ata a su sexo por unas horas. Luego me castigo.

Quisiera ver sus ojos tristes y apagados y amarlos por segundos previos a nuestra ataraxia.

Quiero volar entre líquidos, quiero nadar entre sus olores más secretos, quiero ser dueña y reina de sus lamentos y sus lágrimas. Que aprenda de manera fuerte lo que es saberse deseado.

Los hombres subestiman el deseo. La mujer subestima el sexo. El deseo lo es todo, mueve piernas, remoja gónadas y pulveriza orgullos.

Solo obtenemos placer humillando a quienes realmente nos importan.

Luego hazle el amor con perversión.

 

 

 

 

Mónica Ojeda Franco (Ecuador, 1988)

 

 

 

PRIMERA EXPERIENCIA DE LA CRIATURA SIN ROSTRO

 

  1. El quebrado mundo

 

Como cuando me llovió un océano con la sangre de mis hermanos sobre el ancho lomo y levanté la conciencia hacia el centro del espejo. Así aprendí a respirar la primavera bajo la piel abierta de quienes alguna vez me amaron, y dije que ninguna imagen ni olor ni sonido articulado podría hacerme sentir nunca lo que era romperse encima de algo vivo | ninguna palabra podría comunicar el sentido de la fragilidad cayendo sobre la fuerza y bañándola de eso que la hace fuerte: la debilidad de los pétalos ardiendo el cielo, las raíces del relámpago encarnando el árbol. Toda la brutalidad estaba en la vida que era ternura empozada en la violencia, por eso el mundo se partía como los dientes de una casa enterrada en la herida de un niño.

 

 

 

Leira Araújo (Ecuador, 1990)

 

Te llamaré azul

Te llamaré azul

por el mar en calma que llevas detrás de los ojos

por la arena que te cubrió la infancia

por la desolación que extrañas sobre un tablón negro

 

Un día verás mi río

lo he llenado de peces y estacas

que corren hacia tu boca

he bebido el agua para que puedan, al fin,  pronunciarse

 

Gracias a la promesa

al pacto de cuidarnos la noche

por el resto de los días

cuando el tiempo nos vacíe

podremos aun vivir

besándonos bajo el cemento.

 

 

 

Alexandra Espinosa (Colombia, 1995)

 

 

Solo necesito la razón correcta, y lo haré

 

Como cuando cumplí veinte años creí que mi cerebro había comenzado a morir

deje de hablar claramente,

ahora todo lo que no puedo comunicar a mis padres

y lo que no puedo comunicar a mis amigos

y lo que no puedo comunicar a los idiotsavants que me oyen desde sus asientos

en platea con sus oídos de hambre

y lo que no puedo decir a mis viejos compañeros de la facultad

que escuchan desde su silencio constructor

mientras piensan una frase importante que decir

para matar cualquier cosa estúpida que explico

porque ellos no sienten que su cerebro se detiene

sino que creen que sigue

y no buscan pruebas cada día

y no se levantan como yo me levanto y miran sus pies colgando de la inmensa cama solitaria

mientras se preguntan cuántas células mueren en ese preciso momento.

Todas las cosas que tenía que decir a la persona a la cual me interesa amar

todas las cosas que tenía que decir en una larga fila en la aduana

y todas las cosas que tenía que escribir en un recuadro blanco

todas las cosas que tenía por hablar

toda la basura acumulada y reorganizada

y todas las teorías conspirativas que tenía que hacer públicas frente a uno o dos amigos,

como ya no tengo nada de eso,

porque ahora todo el tiempo pienso que mi CI desciende

y mi cerebro prefiere pasmarse y la luz ya no choca adentro

entonces vengo aquí,

y quisiera que vieras mi cara mientras digo que no estoy hecha para esto

y que debo entender rápidamente

que el camino que elegí no era el indicado

y debo hacerlo hoy porque el tiempo parece moverse con demasiada violencia

siempre hacia adelante,

y yo debo

¡YO DEBO!

reconfigurar toda la incertidumbre y hacerla parecer un único sueño,

mucho más correcto que el anterior,

pero realmente no quiero, realmente prefiero mi viejo sueño.

 

 

Madeline Durango (Ecuador, 1995)

 

La cruda verdad no se encuentra en lo que ves

Está bajo tu piel

Más allá de los huesos

Y tu sangre

Se encuentra en la intimidad de la intensión

La verdad revelada por tu boca

O plasmada con tinta sobre el papel

La cruda verdad eres tú

Y mi mente no se resigna, ni vive, ni muere,

Ni descansa,

Se encuentra en la nada, esperando que me rescates.

Virna Teixeira (Fortaleza, Brasil, 1971)

MEMORY LOST

 

Trigésimo piso: contempla la ciudad, por la noche. Supresión de archivos, memorias. Algunas quedaron retorcidas en el pensamiento como el edificio, de ventanas góticas. Cautiverio. Cine Voltaire.

 

En el alféizar, una orquídea. Aislada contra el crepúsculo, violeta. El contorno borrado de los edificios.

 

Un día de sol. Parejas pasean en el parque. Caminan entre gansos. Niños juegan en el estanque de arena.

 

Hipocampo, extrañeza de imágenes. Esquinas, bifurcaciones. Como si nunca hubiese, tantas veces, caminado allí.

 

Traducción: Jair Cortés y Berenice Huerta

Valeria Meiller (Argentina, 1985)

AGUADA

 

*

 

Durante una inundación, los más fuertes

se reúnen arriba de un árbol.

Con el agua en todas partes, la familia en el techo.

 

Hacer un barco de la pata de la cama. Una vela de sábana.

La primera solución es trepar. Trasparentes,

padres, abuelos y embarazos.

 

Los niños en el techo chupando

su ración de hueso preguntan

¿Dónde estará el sol? Y fosforecen.

 

Otros florecen además. Niños trasparentes nacen bajo la lluvia.

La partera a nado

asiste a las madres sin dar abasto. Un perro la sigue.

 

Los más chicos sacan la lengua y beben la lluvia.

Muchas gotas es varón, entonces eligen un nombre.

 

*

 

Después de una semana de lluvia, una cabeza

es cuajo amarillo. Veinte cabezas, una mina de azufre.

 

Tristeza de leche agria hace llorar

ni tragarse un hueso va a salvar el brillo.

Luis Aguilar (México, 1969)

TOUCH

Fulgor que se extravía, apenas

Ido entre lo ido, un hombre

es un segundo titubeante

Absorto en el pequeño roce:

Unos ojos en los suyos

Cualquier vida que camnia para siempre,

aunque falle al registro de la memoria

Liyanis González Padrón (Cuba, 1971)

 

KONSTANTIN KAVAFIS

 

Espectral poeta

Te hundes en mi sueño

dibujando un círculo en la página

 

 

Rodrigo Morales (Chile, 1980)

EL BUZO

Las telas de cristal cuelgan del cielo y es como si no existiera el hambre arriba de este bote te quedas viéndome como si fuera una luminaria de cine de provincia o un pequeño acordeón abandonado en un pasillo bien sé que duele lamer el invierno cuando te digo cuídate de mí mirando los junquillos quemándome los labios partidos con una agüita de boldo no quiero que renuncies como esas aves que sólo buscan un lugar templado esas aves esquizofrénicas de canto sicótico en la palabra cielo paseo por la pequeña casa de mar haciendo gestos que olvidaré en un par de minutos tú mientras le haces trenzas a una niña las nubes nos indican cierto tipo de tragedia como que cerrará de golpe una ventana o reventará una ola cerca de esas niñas en el paraíso navegan lirios de mar ojos acalambrados que se dibujan descalzos entre las algas mientras bailo en una pequeña balsa que clava su rosario en los mares del aire pero la vida no es más que una función de títeres que después se dejan abandonados en un cuarto un amancay adorna la blusa de una niña a punto de hablar mientras se escuchan las cholgas abriéndose en el fuego alguien se declara a un costado del jardín aquí no hay jardines pero se escuchan las palabras pasar mudas por el desierto pienso en cosas simples una mariposa negra posada sobre una oreja de zorro mariposas que se dirigen al mar y luego mueren detrás de las olas el sol se desfigura en la boca de un pez morado entre las rocas los cactus pequeños cristos del lugar ven pasar a los peces muertos hacia el pueblo amanezco bajo el agua crucificado en el desierto cuando allá en la luz tenue de la lejanía un hombre como yo clama la derrota y se presenta.

 

 

Roy Dávatoc (Perú, 1981)

NEGACIONES

Nunca he recibido una carta de amor,

completado un crucigrama,

o hecho aros con el humo del cigarro

nunca he comprendido cuestiones de óptica

ni de repostería o de navegación

Pero me imagino que hay un punto en que el agua pierde

su consistencia antinatural y se vuelve torrente

en el espacio negroquiero decir:Podría tomarme un café ahora mismo

y morir moderadamente.

 

 

Fernando Vargas Valencia (Colombia, 1984)

 

WHAT A WONDERFUL WORLD

Sabes de memoria

que la angustia es un premio.

Lástima que a veces se nos pierda

el boleto de lotería.

Sabes que toda silla promete ausencias,

que ninguna ausencia promete sillas.

Y rabias como si la ciudad tuviera la culpa.

Como si las sillas y las ausencias tuvieran la culpa.

Como si tú tuvieras la culpa.

Sabes, y no de memoria,

más por testarudez,

por querer ser un animal inventado,

que el dolor se hace destino

cuando se quiere hacer del cielo

una ruptura.

 

 

Edel Morales (Cuba, 1961)

CALLE G. 1982

Una noche partíamos almendras en la calle G.

Eran más de las 12 y tú y aquella saya de flores blancas

parecían la eternidad.

Yo me detuve un momento a contemplar la luz

y el paso de los autos por La Habana de 1982.

Todo resultaba tan sencillo.

El viejo mar bendito frente a la estatua de Calixto García.

Tu rostro avanzando en la semiclaridad de los pinos.

El golpe con que mi mano buscaba en la roja intimidad de la almendra.

Todo resultaba tan sencillo

como la vida del agua que se escurre entre los dedos.

No debía venir nadie.

No esperábamos a nadie.

Yo me detuve un momento a contemplar la luz

y el paso de los autos por La Habana de 1982.

Tú y aquella saya de flores blancas

parecían la eternidad.

 

 

Cinzia Marulli (Italia, 1965)

 

RECUERDOS

 

¿Te acuerdas, mamá
el café a las cuatro de la mañana
cuando la oscuridad penetraba todavía
en los huesos?
Algunos andrajos encima
el viejo abrigo negro y un chal
alrededor de la cabeza
y luego papá y tú
por la calle del tritón andando
en silencio, lado a lado
baja la cabeza y el sueño en los ojos
la oficina de siempre
las mismas cosas que limpiar
con las rodillas sobre el entarimado lustroso
y las manos santas en los retretes
yo, en cambio, todavía en casa
con los libros sobre mis rodillas
y luego al colegio para destruir los andrajos sucios de miseria.

 

 

Salvatore Ritrovato (Italia, 1967)

 

 

El 11 septiembre vino cinco años después.

 

Sentado en un sillón, frente al televisor.

Sentado escuchando las palabras

de los últimos testigos que han vuelto

a buscar al ángel que los ha salvado.

Sentado solo, esperando. Sin pruebas.

 

Hoy parece que no hay aviones que caen sobre las casas. 

La asistenta mira estupefacta las dos torres que vuelven

cinco años después a brillar en el cuadro

y caen de nuevo, no es un error 

le explico, no es una película americana,

no ha ocurrido hoy. No sabía nada.

 

La tarde, el día que había cambiado el mundo 

me derrumbo en el sillón sin aliento. 

Tarde acaso, pero lo he entendido sólo 

cinco años después.

Fue una tremenda cuestión occidental

el día más difícil para todos:

convencerse de que algo cambiaría

después. Tenerle miedo, por ejemplo,

al mundo, cada día. 

Y contarlo en televisión.

Creer en los controles capilares,

en la paz, en las salas de espera.

En un dios escondido y lejano.

Esperar el estruendo.

 

Un mes después de aquel 11 de septiembre

yo decía que sí.

Casarse en febrero. Un mes ideal,

frío y corto. Pasaría 

desapercibido en Venecia sin carnaval.

Sí. Tener una familia acogedora.

Niños, hipoteca, cuenta única.

El seguro de vida. Una ligera 

prisa cada mañana, la voz ronca. 

Y luego los sermones de los pedagogos

y de los pediatras, la receta de los dentistas.

Y un día tendré una urna más ligera. 

Ahora es fácil acabar en cenizas y escombros. 

Tiemblo a la idea de bajar escaleras 

y escaleras antes de disolverme ese día 

como aquel 11 septiembre

en el trabajo o en las vacaciones.

Quedar en la grieta de un edificio 

de vidrio y cartón piedra que se desmorona,

quemado, pulverizado.

Como un hueco de aire, ávida herrumbre.

Frente a una minima ciudad.

que busca otro muro más alto 

protegido, y espolea, y vuela 

donde los aviones no pueden caer.

No deben. Pero no es fácil.

 

 

Gabriela Cantú Westendarp (México, 1972)

Como si no hablara lo suficiente durante el día dicen

que hablo mientras duermo, y creo que dicen verdad.
Anoche me despertó mi propia voz como si fuera la de 
alguien más. Parece que algunas de mis frases nocturnas 
tienen que ver con fechas y nombres, pero en ocasiones 
también maldigo, es decir, digo palabras altisonantes, palabras 
que dichas a plena luz del día y en plena consciencia no me 
preocuparían. Aseguran que solo el 5% de los adultos padecemos
de somniloquía —palabra científica que hace referencia al hablar 
mientras se duerme—. Aseguran también que en esas recitaciones 
están mezclados elementos reales y fantásticos. Es cierto que padezco 
ciertos trastornos del sueño y que a veces me gustaría poder dormir
tres o cuatro días seguidos sin interrupción alguna; y aunque estoy 
cierta que eso está lejos de ocurrir no pierdo la esperanza.

 

 

Gabriel Chávez Casazola (Bolivia, 1972)

VUELO NOCTURNO / ARTE POÉTICA 1

 

Esa luz que se apaga

no es un imperio

ni una luciérnaga.

 

Antoine lo sabía, lo supo volando sobre la Patagonia.

 

Esa luz que se apaga es una casa que cesa de hacer su ademán

al resto del mundo,

una mansión

 

—una humilde mansión si cosa cabe: todas las casas del hombre

son una mansión, todas las mansiones del hombre una cabaña—

 

una mansión, decía Antoine, que se cierra sobre su amor. O sobre su tedio.

 

Una luz vacilante a la que

—frío al calor—

unos labriegos reunidos

se aferran

 

náufragos que balancean un fósforo

ante la inmensidad

desde una isla desierta.

 

Raúl Hernández (Chile, 1980)

 

LLOVIZNA

 

Hay una sombra ahuyentada por los perros.
Hay peces agonizando en la cesta desierta.                                                             

Y nada hace suponer que en esta mañana
seguirán iluminados los rostros de las veredas.

Existes como niebla deshojada de plazas públicas
calientas el aire con tu oculto transitar.

Desde las ventanas de los colegios
te ven aparecer como el extraño que interrumpe la clase
entre un alumno y el pensamiento
entre la palabra clara y el destino
atravesando la capa del sopor y el deseo.

Hay una sombra ahuyentada por los perros                                                             
nada simplifica los ojos de la llovizna
y sin mirar hacia atrás
el caminante deambula jurándose ilusión.

Una limitada acepción del invierno
desde un rincón del camino.

 

 

Carolina Dávila (Colombia, 1982)

CON LA LLUVIA NO PENETRAN OTRAS AGUAS

Yo amaría a esa mujer que deambula

por un desierto de noches heladas

mientras le llegan los rumores de algún puerto

pero no rompen ellos su silencio

ni suavizan los surcos

que el dolor trazó en su cara

 

La amaría porque no se doblega

porque con la lluvia no penetran otras aguas

 

porque su cuerpo se abre ahí

donde a la primavera no le alcanza

 

Ángela Suarez T. (Colombia, 1982)

HABITACIONES

Enumero envolturas

de dulces clandestinos.

Ordeno papelitos superfluos,

pintorescos.

Conspiro

contra la colección fractal de tus silencios,

contra tu extraño miedo de anudarte.

Contra tu ventanita abstracta

e inconclusa.

 

 

István Turczi (Hungría, 1957)

POEMA DE SEIS VERSOS SOBRE HISTORIA

(Hatsoros vers a történelemről)

 

Cristos, reyes, ideólogos

y tiranos transfigurados en otras batallas,

como frascos de plástico corroídos

            vuelan juntos hacia la Gran Salida,

            hasta que llegue la paz eterna,

            aun peor que cualquier guerra.

 

 

Balázs F. Attlila (Rumania, 1954)

 

NACIMIENTO DE CASANOVA

“Guapo chico” observaron las comadronas, colocando al bebé sobre el pecho de su madre mientras él luchaba por liberar a su garganta del dolor del universo.

Así continuó tras un corto sueño cuando, sacado de la pileta de mármol rojo, fue vigorosamente depositado en el vestidor. Y bastante después, tras pasar a los brazos de su padre.

“Mi hijo” – le levantó en el aire; después, al no tranquilizarse, le entregó a una atractiva tía. Qué milagro: el pequeño dejó de llorar en los suaves brazos de la mujer.

“¡Mirad esto!” masculló su padre bajo el mostacho, descorchando y sirviendo el champán. “¡Por el joven Casanova!”

El recién nacido no parecía compartir la alegría familiar. La fiesta celebrada en su honor tuvo lugar sin su participación

Camino de la iglesia, antes de poner a su hijo en brazos de sus padrinos, el viejo Casanova rezó a Dios. Pidió que su hijo fuera colmado con todos los reprimidos sueños y deseos que él no pudo lograr: amar a las mujeres con el coraje, determinación y oportunidad que él nunca había tenido.

Y el Señor, que estaba de buen humor, escuchó su plegaria. El adolescente Casanova acarició sin limitación alguna a tímidas pero provocativas muchachas; desde su escondite vio a sus padres hacer el amor, bañarse juntas a su tía y sus primas. Entrenó a su verga para que casi siempre estuviese orgullosamente enderezada. Aprendió rápidamente los secretos del lecho con su criada, que conocía todos los recursos. Después llegaron, una tras otra: la gobernanta, las viudas del carnicero y el cochero, la hija de la ama de llaves, la nieta del almacenero, y tras ellas cientos y cientos más.

Fornicó hasta el final de sus días, disfrutando con los brazos y pechos de hermosas jóvenes y mujeres, tal como su padre había invocado.

Pero cuando nació su retoño, Casanova pidió a Dios que le bendijera con un aburrido matrimonio y una vida mediocre.

Y el buen Dios atendió su ruego. 

 

 

Adnan Al-Sayegh (Irak, 1955)

POEMAS DE LA LLUVIA

* *

¡Oh! Lluvia…
quédate en las calles rebelándote
como los gatos y los niños
quédate en los cristales brillando
deslizándote como las goats de la luz
y no entres en los abrigos de los ricos
ni en las tiendas
temiéndo contaminar tus blancas manos
con el dinero.

 

* *

 

¡Oh lluvia!
¡oh! Las cartas que van desde el cielo a los campos
enséñame cómo se abre la flor del poema
de las piedras del habla.

* *

 

Cuando muere la lluvia
los campos despedirán su féretro
sólo el cactus pequeñito
se reirá en los desiertos
decepcionado del llanto de los árboles.

 

Traducido por:

Muhisin Al – Ramly

Azucena del Río

Mohammad Hudaib (Palestina, 1965)

LAS OCHO Y CUARTO

El amor para esta mañana

es encontrar tu brocha de afeitar

al lado de la máquina

y darte cuenta por un momento

de que estás abriendo la ventana por completo.

 

El amor es una batalla de sábanas

durante la cual te das cuenta por  un momento

que estás cautivado por una mancha

en la cadera de una mujer.

Dibujo divino de la flor del fuego, es la mancha.

 

Paulo Ferraz (Brasil, 1974)

SOLO LO IMPENSABLE ES IMPOSIBLE

 

Déjame leer tu suerte. Apenas me

di cuenta y ya tenía la mano de

la vieja agarrada a la mía. Mano

hermosa, Vieja, menos gitana

que mendiga. fina piel,

pero esas líneas. Lo que me

dijo después se perdió

en la contaminación; mi mente

revolvió, para salvar

su quiromancia, el basurero;

después, hecho el quehacer,                                                    

descifré: La buena fortuna

de tu existen sobrepuesta

suena una sirena estridente

cia, tu singularidad

tal vez, está en tu destino

(creo que la traducción correcta

sería: tu fatalidad).

Come esta resma, come

esta resma, esta resma alimenta

tu vientre y llena los intestinos,

quizá te sea indigesta.

Será. Elige entonces cómo                                                             

saldrán de tu cuerpo las letras

escritas en cada página.

Hasta hace poco yo era mudo,

feliz y mudo, ignorante y

mudo, ¿por qué mudo mi

forma de vivir en el mundo?

Sería mejor estar quieto

en un rincón, ser uno más de esos

 

 

Carlos Aguasaco (Colombia, 1975)

NUEVA YORK

Este mundo es por definición desprecio y arrogancia.

Gesto de asco y el asco de hombres hombro a hombro

Sentados en el tren.

Mirada fija que en el punto  medio se cruza sobre ti

Y en ti se disipa en un arabesco con forma de turbante.

No es este mundo tu mundo y lo es.

La ciudad está allí para ser tomada

 

La ciudad está allí para derrocharse

Para dar desprecio, para ser reflejo del hombre y el hombre

Para recordar que siempre, no importa dónde se mire,

El calor de un lente te abriga con la discreción obscena

De quien sin mirarte te observa.

 

Sería necesario matar a John Lenon y afrontar el sarcasmo

De sonreír a la cámara para que ella te denuncie

En titulares de prensa diez años continuos sin pagarte un centavo.

 

Reírse como un loco y apestar a dinero

Apestar como un loco y reírse del dinero.

Nueva York, no es a mí a quien saludas

Con tu antorcha encendida en el Atlántico.

 

 

Najman Darwish (Palestina, 1978)

JERUSALÉN

Si te abandono torno en piedra

si regreso a ti me torno piedra

 

Te llamo Medusa

Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra

tú   pila bautismal que hizo arder Roma

 

El rumor de los asesinados sus poemas en las colinas

los rebeldes censuran a sus cronistas

mientras tanto dejo el mar y vuelvo

a ti vuelvo

por este arroyo en que corre tu desesperación

 

Escucho a los recitadores del Corán las mortajas los cadáveres

escucho el polvo de quienes se conduelen

aún no cumplo treinta pero me has sepultado una vez y otra

y nuevamente por tu culpa

emerjo de la tierra

permite a quienes oran por ti andarse al infierno

quienes venden souvenirs de tu dolor

aquellos que están de pie conmigo en las fotografías

 

Te llamo Medusa

Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra

tú   pila bautismal que arde todavía

 

 

Fakhri Ratrout (Palestina, 1972)

 

COSAS QUE EXTRAÑO

Esta noche extraño muchas cosas:

Que sostengo el perfume que perdí

de una mujer hace mucho tiempo

Que Dios sea mi amigo

Que la tristeza no me ataque

Que sea yo en esta tarde

Que no vuelvo a pensar que soy el infierno de dios

con que castiga el mundo desobedecido

Que los locos se duermen en sus celdas en mis interiores

Que nadie se muera al fin de la noche

Que el espejo me muestre mi rostro falso

Que escucho el silbato de un grillo

Que mi cerebro no sea la cena del mundo

Que el mundo no se desnude frente de mí

Que la luna no mira sangre vertida en la noche

Que se duermen mis cortinas asustadas

Que no me muera esta tarde

Que el elefante azul no me aplaste

Que nadie me pregunte:

¿Qué es el elefante azul?

 

 

Ahmed Al-Shahawi (Egipto, 1960)

 

ASÍ ES MI TUMBA

هكذا قبري

 

Quiero ser enterrado solo.

Nadie antes, nadie después de mí.

Que me arropen en sudario de lino

Como un viejo sabio egipcio

Y que mi cara mire al cielo

Quiero llevar conmigo mis perfumes

Y mi cepillo de dientes

Y los poemas que aún no recitaba

Y los libros que no leía

Para no salir desnudo por la ciudad

Que me den papeles y lápices

Para que la tumba no me estrangule los sueños

Que asomen dos moreras sobre mi nombre

Me gustaría elegir del libro de Alá la azora “Lee”

Y la aleya: “No le hemos enseñado la poesía”

Para que las dos sean testigos

Y que escriban mi nombre en caligrafía persa

Y con caracteres árabes.

Tal como le gusta a Alá ver a un poeta como yo.

No existiría lo que prohíbe las frutas y las mujeres

Porque el paraíso puede que no está debajo de mis pies.

 

 

Fernando Cazón Vera (Ecuador, 1935)

 

LA VACA OBESA

 

La vaca obesa

no contempla la rosa

ni llora en la tormenta.

 

 

Cuando el campo madura

mira la soledad de su terreno

y en la luna distante

cree encontrar los cuernos

de su toro arcangélico.

 

La vaca obesa

ha de morir un día por nosotros.

 

Sonia Manzano (Ecuador, 1948)

 

LA PROMESA

 

Si algún día me incautan las dos manos, 
si decomisan los jilgueros de mi lengua, 
si allanan mi huerta de ajiceros 
las bandadas de cuervos picoteantes. 

Si me quiebran el vidrio de los ojos 
para que acepte el cristal de las renuncias, 
si me amarran a la pata del silencio 
para hacerme escoriaciones en el alma: 
maniatada, amordazada, desnucada, 
sin ninguna otra opción en la esperanza, 
le causaría moretones a la angustia, 
me diera con el viento de trompadas 
hasta salir con los brazos más eternos 
por las abiertas costuras de la noche. 

 

Maritza Cino Alvear (Ecuador, 1957)

INFIEL A LA SOMBRA

 

En aquel tiempo

me involucré con la nada

postergué las palabras

me divorcié de mi sexo.

 

Dios me aguardaba

en un lugar de su piel.

Oculta en su túnica,

con misticismo terreno

reescribí el evangelio.

Siomara España (Ecuador, 1976)

LA MUJER QUE AMABA A LOS HOMBRES

Amo a los hombres

dijo

seres sin perdón

sin lengua o seña

 

Amo la tozudez de sus banalidades indecencias

sus manos que retuercen la cordura

y arrastran los despojos de su prohibido amor hacia el abismo

 

los que se elogian en la noche de himeneo

mientras yacen en la garras de la duda

y en la alta maraña del deseo

erectos y violentos

arrastran al cubil de los festines su furia primorosa

mientras envuelven

como lanzas

como  trenzas

sus paleolíticos dedos

en las ondas del postrero cuerpo

dijo

 

Pero más amo a los inteligentemente andróginos

amo sus delgadas manos de escribidor o artista

incapaces de esgrimir su propio nombre

porque sueñan ser llamados

Paris, Alejandro, Lucifer o Antonio

dijo

 

Amo también la voz enderezada

que cabalga la armonía de mi nombre

dijo

y me inclino cien veces como necia indescifrable

ante el más siniestro de los hombres

que con lengua inversa y reluciente

me lleve hasta el oído

ordinarias y perversas

estupideces santas que les crea