Festival de Poesia Ileana Espinel Cedeño - Guayaquil 2019

GLADYS MENDÍA (Maracay, Venezuela, 1975)

 

LA deFORMACIÓN DEL MATERIAL HUMANO EN EL TÚNEL

 

un mundo real  se derrite corriendo

USE CINTURON DE SEGURIDAD

uno de los mundos ficticios arde fríamente

no hay juicio

ni guía

ni amenaza

ni ayuda

uno cree que elige

lo único omnipresente

es la manipulación de las señales

ALTURA MAX. 2.3

la hora de los murciélagos

es la distracción anestésica en el túnel

CAMINO CONSOLIDADO

nos tratan como conceptos

con delicada simetría enseñan a dejarse llevar

RESPETE LAS SENALES EVITE ACCIDENTES

 

dicen usted no entra en el mismo túnel dos veces

como si uno fuera el mismo siempre

INFORMACIÓN TURISTICA

falta prometer la inmortalidad

y venderla en cápsulas

CAMINO EN CONSTRUCCIÓN

las señales están en todas las partes que se dejan ver

como si ayudaran

como si dijeran algo

MANTENGA LA DISTANCIA

SR. CONDUCTOR    MANEJE A LA DEFENSIVA

MARÍA EUGENIA LÓPEZ (La Plata, Argentina, 1977)

 

I

 

Una separa las flores de su pelo y pierde gotitas de sangre por la entrepierna. De rodillas miro cómo caen, lentas. Mi niña tiene miedo de sangrar y de no sangrar. Por eso la baño en oliva, volcando el aceite desde arriba. A veces el agua de azahar le chorrea. Una separa las piernas y me caen las lágrimas. Acostada mira cómo caen, lentas. Nenita golosa. Se lleva las manos a la boca luego de tocarse los labios. Y me dice que el francés sólo tiene dos palabras. Je t’, Una, je t’. Marioneta, mariposita. Todo corazón y lágrimas. Para mí todo es igual. Sobre vos miro cómo sacás papelitos de una granadilla abierta. Te va a tocar una palabra y va a ser agua.

MARIO Z. PUGLISI (Guadalajara, México, 1980)

 

EL IMPULSO DE TOCARLO TODO

 

Descansa aquí, sobre de mí            el impulso de tocarlo todo,

   de saciarme de volutas  las vocales cuerdas,

de llenarme de lagos confundidos  entre rocas,

de sentir lo inaccesible, golpe a golpe de la gota forastera,

 de acceder en los mares como lo hacen las gaviotas curvas y oxidadas;

      es el sólo impulso de llevarse         al olvido un puño de tierra,

de tocar desnudos la ausencia de amor de nuestros padres,

 de aceptarlo todo, en silencio, cada vez que nos habita el desconsuelo.

                                                             

Algo en mí se sabe tan pequeño,     tan finito

       tan geométrico,  sinódico y urgido de saltar abismos.

Algo en mí me duele, algo que me cubre todo

                           y al tornar me dice al verme: nadie.

 

La distancia que se cimbra entre palabras y palabras

   es la justa ecuación que resuelve laberintos,

por nuestra necedad de cesura extensa

  en los versos que delatan los márgenes de nuestros sueños.

Mis brazos recorren con sus ganas circulares las praderas

 queriendo cosechar cada sorpresa en grano,

               los asombros que se quedan esperando en nuestras huellas,

y entonces se levantan

          cuando sienten montes y montañas traicioneras

tropezando en las alturas y en los crucifijos

queriendo hacerse así dueños de todo.

 

Porque no hay canto que no perezca en madrugadas frías

siento el impulso de cantarlos todos,

de rasgarlos con mis dientes claros,

    de vivir la espera cobijado de arbustos y aguardiente.

Reside en mí, sobre el aquí            el impulso de tocarlo todo,

   de vaciar en mis bolsillos lo viejo y agotado,

caminar todas las calles de la historia ajena,

de cifrar lo indescifrable, gota a gota, en el golpe de una noche pasajera

 de cartografiar cada resquicio en donde haya dejado el viento sus haciendas;

      es el sólo impulso de morar         el polvo y permanecer limpio,

de tomar lo que duerma en el alcance de mis manos,

 de asumir que nada cambia, sólo las rutas que hacen de cada instante

    un comienzo nuevo.

 

Algo en mí le teme a los otoños

       es escaso, periférico y cobarde como tren huyendo.

Algo en mí aún no despierta por completo, vive a duermevela

                           y al tornarme dice entre suspiros: nada.

 

El terror es esa fuerza que genera la caída de los puentes,

   es justo lo necesario para acercarse hacia las ciencias,

tratando de reconquistar a los volcanes

  en el tratado que hacen los hombres con sus ancestros.

Mis ojos andan con prisa por estos campos

 queriendo inventariar colores y reflejos en el iris,

               el impacto de las redes siderales en la frente,

y entonces se lamentan

          cuando ven las mariposas perder la guerra en contra de las hojas secas,

tropezando con cultivos de camiones

queriendo asirse así a los últimos vitrales.

 

Descansa aquí, sobre de mí            el impulso de tocarlo todo,

de pintar los muros transparentes,   

  y escribir poemas largos como el tiempo

  aquel en que las leyes me impedían escribirlos.

                                                                             Punto

 

VALERIA MEILLER (Azul, Argentina, 1985)

 

AGUADA

 

*

 

Durante una inundación, los más fuertes

se reúnen arriba de un árbol.

Con el agua en todas partes, la familia en el techo.

 

Hacer un barco de la pata de la cama. Una vela de sábana.

La primera solución es trepar. Trasparentes,

padres, abuelos y embarazos.

 

Los niños en el techo chupando

su ración de hueso preguntan

¿Dónde estará el sol? Y fosforecen.

 

Otros florecen además. Niños trasparentes nacen bajo la lluvia.

La partera a nado

asiste a las madres sin dar abasto. Un perro la sigue.

 

Los más chicos sacan la lengua y beben la lluvia.

Muchas gotas es varón, entonces eligen un nombre.

 

*

 

Después de una semana de lluvia, una cabeza

es cuajo amarillo. Veinte cabezas, una mina de azufre.

 

Tristeza de leche agria hace llorar

ni tragarse un hueso va a salvar el brillo.

LUIS AGUILAR (Altamirano, México, 1969)

 

 

TOUCH

 

Fulgor que se extravía, apenas

Ido entre lo ido, un hombre

es un segundo titubeante

Absorto en el pequeño roce:

Unos ojos en los suyos

Cualquier vida que camnia para siempre,

aunque falle al registro de la memoria

VIRNA TEIXEIRA (Fortaleza, Brasil, 1971)

 

MEMORY LOST

 

Trigésimo piso: contempla la ciudad, por la noche. Supresión de archivos, memorias. Algunas quedaron retorcidas en el pensamiento como el edificio, de ventanas góticas. Cautiverio. Cine Voltaire.

 

En el alféizar, una orquídea. Aislada contra el crepúsculo, violeta. El contorno borrado de los edificios.

 

Un día de sol. Parejas pasean en el parque. Caminan entre gansos. Niños juegan en el estanque de arena.

 

Hipocampo, extrañeza de imágenes. Esquinas, bifurcaciones. Como si nunca hubiese, tantas veces, caminado allí.

 

Traducción: Jair Cortés y Berenice Huerta

RENÉ SILVA CATALÁN (Santiago de Chile, Chile, 1971)

 

DE REGRESO

Dentro de mi en lo inédito extraño,

una raíz de ángel no tuvo riego

 

Humberto Díaz Casanueva

 

Yo vengo de tu muerte

como un telegrama

empuño el chuzo

el intestino vagabundo

su lombriz coja

La fila está manchada me siento

en una ortiga de la noche

vuelco el corazón

he vuelto

Con alas tono a sombra

reviento la geometría en un grito

tu ventana tiento

en un charco del aire

los bocados del viento beben tierra

en un eco de papel

difusos

como el polvillo perdido en la techumbre.

LIYANIS GONZÁLEZ PADRÓN (Pinar del Río, Cuba, 1971)

 

KONSTANTIN KAVAFIS

 

Espectral poeta

 

Te hundes en mi sueño

dibujando un círculo en la página

LUIS ALBERTO ARELLANO (Querétaro, México, 1976)

 

MANUAL DE HEREJÍA

 

Muere el 28 de agosto de 430

estando la ciudad sitiada

desde junio por los vándalos

de Genserico

Aurelius Agustinus de Hipona

 

Señor de los excesos y lengua de arena

Tantas lágrimas guardaba Agustín para dios

Tantas voces dejó escuchar quien confiesa a fin de cuentas

que ha sufrido, que la carne

le ha sido grata y el espíritu no lamenta su derrota

 

Ese dios de Agustín venció años después a

Genserico

a Maniqueo

a los cátaros y su pureza

 

Agustín se doctoró en iglesias

pero aún tiene noches en que recuerda a las negras

faldas que pecando

lo volvieron santo

ÓSCAR SAAVEDRA VILLARROEL (Santiago de Chile, Chile, 1976)

 

[Es que se detonan todos los músculos de mi corazón. Y Tengo que decir tantas tantas tantas cosas, y este Ethos nace, renace, ¡maldición!]      

 

Cómo toca a su hija, cómo le baja su país,

cómo sube por sus montañas, cómo se monta al

caballo del norte arisco, cómo moja su

tierra, cómo levanta la serpiente y viola sus

mares, cómo ella dice papi basta, cómo dice

patria en vez de papi, cómo le dice al oído

su himno perverso, cómo flamea su bandera

seca en la cama, cómo le inyecta ánima a sus

fantasmas, cómo le rompe el himen de su

cordillera, cómo la ciudad escucha esta coprofagía,

cómo se toma el veneno de sus ríos,

cómo le da a beber el veneno de sus ríos.

Mira qué descendencia, mira qué tipo ése,

mira como ahora él vuelve a tocar a su hija,

cómo le vuelve a bajar su país, cómo le hace un machitún

a su conciencia, a sus lagos, a sus Ganges.

Observa cómo lo hace, cómo se lo hace.

Cómo ella dice patria en vez de papi, y cómo papi dice ser su patria.

RODRIGO MORALES (Santiago de Chile, Chile, 1980)

 

EL BUZO

 

Las telas de cristal cuelgan del cielo y es como si no existiera el hambre arriba de este bote te quedas viéndome como si fuera una luminaria de cine de provincia o un pequeño acordeón abandonado en un pasillo bien sé que duele lamer el invierno cuando te digo cuídate de mí mirando los junquillos quemándome los labios partidos con una agüita de boldo no quiero que renuncies como esas aves que sólo buscan un lugar templado esas aves esquizofrénicas de canto sicótico en la palabra cielo paseo por la pequeña casa de mar haciendo gestos que olvidaré en un par de minutos tú mientras le haces trenzas a una niña las nubes nos indican cierto tipo de tragedia como que cerrará de golpe una ventana o reventará una ola cerca de esas niñas en el paraíso navegan lirios de mar ojos acalambrados que se dibujan descalzos entre las algas mientras bailo en una pequeña balsa que clava su rosario en los mares del aire pero la vida no es más que una función de títeres que después se dejan abandonados en un cuarto un amancay adorna la blusa de una niña a punto de hablar mientras se escuchan las cholgas abriéndose en el fuego alguien se declara a un costado del jardín aquí no hay jardines pero se escuchan las palabras pasar mudas por el desierto pienso en cosas simples una mariposa negra posada sobre una oreja de zorro mariposas que se dirigen al mar y luego mueren detrás de las olas el sol se desfigura en la boca de un pez morado entre las rocas los cactus pequeños cristos del lugar ven pasar a los peces muertos hacia el pueblo amanezco bajo el agua crucificado en el desierto cuando allá en la luz tenue de la lejanía un hombre como yo clama la derrota y se presenta

ROY DÁVATOC (Jaén, Perú, 1981)

 

NEGACIONES

 

Nunca he recibido una carta de amor,
completado un crucigrama, o hecho aros
con el humo del cigarro

nunca he comprendido cuestiones de óptica
ni de repostería o de navegación

Pero me imagino que hay un punto en que el agua pierde
su consistencia antinatural y se vuelve torrente
en el espacio negro

quiero decir:

Podría tomarme un café ahora mismo
y morir moderadamente

MARCELA SALDAÑO (Santiago de Chile, Chile, 1981)

 

INSISTENCIAS

 

I

Insisto en lo exquisito de la flor cortada Dentro de los parques Sobre los muebles Dentro de la ropa En los cables y los teléfonos Dentro de las fibras secretas o la vida eso que tú llamas de ese modo La subordinación El féretro dentro del ojo Dentro del pie del sonido De la risa y las bestias escondidas veinte años en mi vestido Desde acá el país del miedo que se rebela

 

II

Insisto en la desaparición En el tiempo En las hojas y en los muelles En la puerta destrozada y en mis amigos Insisto en mis canciones Oscuros agujeros inadecuados a mi deseo Insisto en todo menos en los olores y las formas puras Insisto en lo macabro En lo obsceno Obscena correspondencia con un genio europeo

 

III

Insisto en tu boca de loba cara En tu agujero nunca inadecuado En las bestias claramente alcohólicas a las que nos entregamos Al sonido de la reja de abajo El teléfono ocupado muchas noches consecutivas y yo aquí esperando Mirándote como una serpiente espera a un gato Ese gato que se contornea y besa este cuello que parece pez Y maúllas y orinas en mi frente Gritas y yo sólo oculto los dientes y mi veneno Este veneno abundante pero inofensivo Un veneno bucal y espeso Ese veneno que sólo quiero que se quede aquí adentro palpitando

FERNANDO VARGAS VALENCIA (Bogotá, Colombia, 1984)

 

WHAT A WONDERFUL WORLD

 

Sabes de memoria

que la angustia es un premio.

Lástima que a veces se nos pierda

el boleto de lotería.

Sabes que toda silla promete ausencias,

que ninguna ausencia promete sillas.

Y rabias como si la ciudad tuviera la culpa.

Como si las sillas y las ausencias tuvieran la culpa.

Como si tú tuvieras la culpa.

Sabes, y no de memoria,

más por testarudez,

por querer ser un animal inventado,

que el dolor se hace destino

cuando se quiere hacer del cielo

una ruptura.

EDEL MORALES (Cabaiguán, Cuba, 1961)

 

CALLE G. 1982

 

Una noche partíamos almendras en la calle G.

Eran más de las 12 y tú y aquella saya de flores blancas

parecían la eternidad.

Yo me detuve un momento a contemplar la luz

y el paso de los autos por La Habana de 1982.

Todo resultaba tan sencillo.

El viejo mar bendito frente a la estatua de Calixto García.

Tu rostro avanzando en la semiclaridad de los pinos.

El golpe con que mi mano buscaba en la roja intimidad de la almendra.

Todo resultaba tan sencillo

como la vida del agua que se escurre entre los dedos.

No debía venir nadie.

No esperábamos a nadie.

Yo me detuve un momento a contemplar la luz

y el paso de los autos por La Habana de 1982.

Tú y aquella saya de flores blancas

parecían la eternidad.

CINZIA MARULLI (Roma, Italia, 1965)

 

RECUERDOS

 

¿Te acuerdas, mamá
el café a las cuatro de la mañana
cuando la oscuridad penetraba todavía
en los huesos?
Algunos andrajos encima
el viejo abrigo negro y un chal
alrededor de la cabeza
y luego papá y tú
por la calle del tritón andando
en silencio, lado a lado
baja la cabeza y el sueño en los ojos
la oficina de siempre
las mismas cosas que limpiar
con las rodillas sobre el entarimado lustroso
y las manos santas en los retretes
yo, en cambio, todavía en casa
con los libros sobre mis rodillas
y luego al colegio para destruir los andrajos sucios de miseria.

SALVATORE RITROVATO (San Giovanni Rotondo, Italia, 1967)

 

 

El 11 septiembre vino cinco años después.

 

Sentado en un sillón, frente al televisor.

Sentado escuchando las palabras

de los últimos testigos que han vuelto

a buscar al ángel que los ha salvado.

Sentado solo, esperando. Sin pruebas.

 

Hoy parece que no hay aviones que caen sobre las casas. 

La asistenta mira estupefacta las dos torres que vuelven

cinco años después a brillar en el cuadro

y caen de nuevo, no es un error 

le explico, no es una película americana,

no ha ocurrido hoy. No sabía nada.

 

La tarde, el día que había cambiado el mundo 

me derrumbo en el sillón sin aliento. 

Tarde acaso, pero lo he entendido sólo 

cinco años después.

Fue una tremenda cuestión occidental

el día más difícil para todos:

convencerse de que algo cambiaría

después. Tenerle miedo, por ejemplo,

al mundo, cada día. 

Y contarlo en televisión.

Creer en los controles capilares,

en la paz, en las salas de espera.

En un dios escondido y lejano.

Esperar el estruendo.

 

Un mes después de aquel 11 de septiembre

yo decía que sí.

Casarse en febrero. Un mes ideal,

frío y corto. Pasaría 

desapercibido en Venecia sin carnaval.

Sí. Tener una familia acogedora.

Niños, hipoteca, cuenta única.

El seguro de vida. Una ligera 

prisa cada mañana, la voz ronca. 

Y luego los sermones de los pedagogos

y de los pediatras, la receta de los dentistas.

Y un día tendré una urna más ligera. 

Ahora es fácil acabar en cenizas y escombros. 

Tiemblo a la idea de bajar escaleras 

y escaleras antes de disolverme ese día 

como aquel 11 septiembre

en el trabajo o en las vacaciones.

Quedar en la grieta de un edificio 

de vidrio y cartón piedra que se desmorona,

quemado, pulverizado.

Como un hueco de aire, ávida herrumbre.

Frente a una minima ciudad.

que busca otro muro más alto 

protegido, y espolea, y vuela 

donde los aviones no pueden caer.

No deben. Pero no es fácil.

GABRIELA CANTÚ WESTENDARP (Monterrey, México, 1972)

 

Como si no hablara lo suficiente durante el día dicen

que hablo mientras duermo, y creo que dicen verdad.
Anoche me despertó mi propia voz como si fuera la de 
alguien más. Parece que algunas de mis frases nocturnas 
tienen que ver con fechas y nombres, pero en ocasiones 
también maldigo, es decir, digo palabras altisonantes, palabras 
que dichas a plena luz del día y en plena consciencia no me 
preocuparían. Aseguran que solo el 5% de los adultos padecemos
de somniloquía —palabra científica que hace referencia al hablar 
mientras se duerme—. Aseguran también que en esas recitaciones 
están mezclados elementos reales y fantásticos. Es cierto que padezco 
ciertos trastornos del sueño y que a veces me gustaría poder dormir
tres o cuatro días seguidos sin interrupción alguna; y aunque estoy 
cierta que eso está lejos de ocurrir no pierdo la esperanza.

GABRIEL CHÁVEZ CASAZOLA (Sucre, Bolivia, 1972)

 

VUELO NOCTURNO / ARTE POÉTICA 1

 

Esa luz que se apaga

no es un imperio

ni una luciérnaga.

 

Antoine lo sabía, lo supo volando sobre la Patagonia.

 

Esa luz que se apaga es una casa que cesa de hacer su ademán

al resto del mundo,

una mansión

 

—una humilde mansión si cosa cabe: todas las casas del hombre

son una mansión, todas las mansiones del hombre una cabaña—

 

una mansión, decía Antoine, que se cierra sobre su amor. O sobre su tedio.

 

Una luz vacilante a la que

—frío al calor—

unos labriegos reunidos

se aferran

 

náufragos que balancean un fósforo

ante la inmensidad

desde una isla desierta.

RAÚL HERNÁNDEZ (Santiago de Chile, Chile, 1980)

 

LLOVIZNA

 

Hay una sombra ahuyentada por los perros.
Hay peces agonizando en la cesta desierta.                                                             

Y nada hace suponer que en esta mañana
seguirán iluminados los rostros de las veredas.

Existes como niebla deshojada de plazas públicas
calientas el aire con tu oculto transitar.

Desde las ventanas de los colegios
te ven aparecer como el extraño que interrumpe la clase
entre un alumno y el pensamiento
entre la palabra clara y el destino
atravesando la capa del sopor y el deseo.

Hay una sombra ahuyentada por los perros                                                             
nada simplifica los ojos de la llovizna
y sin mirar hacia atrás
el caminante deambula jurándose ilusión.

Una limitada acepción del invierno
desde un rincón del camino.

CAROLINA DÁVILA (Bogotá, Colombia, 1982)

 

CON LA LLUVIA NO PENETRAN OTRAS AGUAS

 

Yo amaría a esa mujer que deambula

por un desierto de noches heladas

mientras le llegan los rumores de algún puerto

pero no rompen ellos su silencio

ni suavizan los surcos

que el dolor trazó en su cara

 

La amaría porque no se doblega

porque con la lluvia no penetran otras aguas

 

porque su cuerpo se abre ahí

donde a la primavera no le alcanza

ÁNGELA SUAREZ T. (Duitama, Colombia, 1982)

 

HABITACIONES

 

Enumero envolturas

de dulces clandestinos.

Ordeno papelitos superfluos,

pintorescos.

Conspiro

contra la colección fractal de tus silencios,

contra tu extraño miedo de anudarte.

Contra tu ventanita abstracta

e inconclusa.

ISTVÁN TURCZI (Budapest, Hungría, 1957)

 

POEMA DE SEIS VERSOS SOBRE HISTORIA

 

(Hatsoros vers a történelemről)

 

Cristos, reyes, ideólogos

y tiranos transfigurados en otras batallas,

como frascos de plástico corroídos

            vuelan juntos hacia la Gran Salida,

            hasta que llegue la paz eterna,

            aun peor que cualquier guerra.

 

BALÁZS F. ATTILA (Targu Mures, Rumania, 1954)

 

NACIMIENTO DE CASANOVA

 

“Guapo chico” observaron las comadronas, colocando al bebé sobre el pecho de su madre mientras él luchaba por liberar a su garganta del dolor del universo.

Así continuó tras un corto sueño cuando, sacado de la pileta de mármol rojo, fue vigorosamente depositado en el vestidor. Y bastante después, tras pasar a los brazos de su padre.

“Mi hijo” – le levantó en el aire; después, al no tranquilizarse, le entregó a una atractiva tía. Qué milagro: el pequeño dejó de llorar en los suaves brazos de la mujer.

“¡Mirad esto!” masculló su padre bajo el mostacho, descorchando y sirviendo el champán. “¡Por el joven Casanova!”

El recién nacido no parecía compartir la alegría familiar. La fiesta celebrada en su honor tuvo lugar sin su participación

Camino de la iglesia, antes de poner a su hijo en brazos de sus padrinos, el viejo Casanova rezó a Dios. Pidió que su hijo fuera colmado con todos los reprimidos sueños y deseos que él no pudo lograr: amar a las mujeres con el coraje, determinación y oportunidad que él nunca había tenido.

Y el Señor, que estaba de buen humor, escuchó su plegaria. El adolescente Casanova acarició sin limitación alguna a tímidas pero provocativas muchachas; desde su escondite vio a sus padres hacer el amor, bañarse juntas a su tía y sus primas. Entrenó a su verga para que casi siempre estuviese orgullosamente enderezada. Aprendió rápidamente los secretos del lecho con su criada, que conocía todos los recursos. Después llegaron, una tras otra: la gobernanta, las viudas del carnicero y el cochero, la hija de la ama de llaves, la nieta del almacenero, y tras ellas cientos y cientos más.

Fornicó hasta el final de sus días, disfrutando con los brazos y pechos de hermosas jóvenes y mujeres, tal como su padre había invocado.

Pero cuando nació su retoño, Casanova pidió a Dios que le bendijera con un aburrido matrimonio y una vida mediocre.

Y el buen Dios atendió su ruego. 

ADNAN AL-SAYEGH (Bufa, Irak, 1955)

 

POEMAS DE LA LLUVIA

 

* *

 

¡Oh! Lluvia…
quédate en las calles rebelándote
como los gatos y los niños
quédate en los cristales brillando
deslizándote como las goats de la luz
y no entres en los abrigos de los ricos
ni en las tiendas
temiéndo contaminar tus blancas manos
con el dinero.

 

* *

 

¡Oh lluvia!
¡oh! Las cartas que van desde el cielo a los campos
enséñame cómo se abre la flor del poema
de las piedras del habla.

 

* *

 

Cuando muere la lluvia
los campos despedirán su féretro
sólo el cactus pequeñito
se reirá en los desiertos
decepcionado del llanto de los árboles.

 

Traducido por:

Muhisin Al – Ramly

Azucena del Río

 

MOHAMMAD HUDAIB (Jericó, Palestina, 1965)

 

LAS OCHO Y CUARTO

 

El amor para esta mañana

es encontrar tu brocha de afeitar

al lado de la máquina

y darte cuenta por un momento

de que estás abriendo la ventana por completo.

 

El amor es una batalla de sábanas

durante la cual te das cuenta por  un momento

que estás cautivado por una mancha

en la cadera de una mujer.

Dibujo divino de la flor del fuego, es la mancha.

 

PAULO FERRAZ (Rondonópolis, Brasil, 1974)

 

SOLO LO IMPENSABLE ES IMPOSIBLE

 

Déjame leer tu suerte. Apenas me

di cuenta y ya tenía la mano de

la vieja agarrada a la mía. Mano

hermosa, Vieja, menos gitana

que mendiga. fina piel,

pero esas líneas. Lo que me

dijo después se perdió

en la contaminación; mi mente

revolvió, para salvar

su quiromancia, el basurero;

después, hecho el quehacer,                                                    [12]

descifré: La buena fortuna

de tu existen sobrepuesta

suena una sirena estridente

cia, tu singularidad

tal vez, está en tu destino

(creo que la traducción correcta

sería: tu fatalidad).

Come esta resma, come

esta resma, esta resma alimenta

tu vientre y llena los intestinos,

quizá te sea indigesta.

Será. Elige entonces cómo                                                             [24]

saldrán de tu cuerpo las letras

escritas en cada página.

Hasta hace poco yo era mudo,

feliz y mudo, ignorante y

mudo, ¿por qué mudo mi

forma de vivir en el mundo?

Sería mejor estar quieto

en un rincón, ser uno más de esos

CARLOS AGUASACO (Bogotá, Colombia, 1975)

 

NUEVA YORK

 

Este mundo es por definición desprecio y arrogancia.

Gesto de asco y el asco de hombres hombro a hombro

Sentados en el tren.

Mirada fija que en el punto  medio se cruza sobre ti

Y en ti se disipa en un arabesco con forma de turbante.

No es este mundo tu mundo y lo es.

La ciudad está allí para ser tomada

 

La ciudad está allí para derrocharse

Para dar desprecio, para ser reflejo del hombre y el hombre

Para recordar que siempre, no importa dónde se mire,

El calor de un lente te abriga con la discreción obscena

De quien sin mirarte te observa.

 

Sería necesario matar a John Lenon y afrontar el sarcasmo

De sonreír a la cámara para que ella te denuncie

En titulares de prensa diez años continuos sin pagarte un centavo.

 

Reírse como un loco y apestar a dinero

Apestar como un loco y reírse del dinero.

Nueva York, no es a mí a quien saludas

Con tu antorcha encendida en el Atlántico.

NAJWAN DARWISH (Jerusalén, Palestina, 1978)

 

JERUSALÉN

 

Si te abandono torno en piedra

si regreso a ti me torno piedra

 

Te llamo Medusa

Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra

tú   pila bautismal que hizo arder Roma

 

El rumor de los asesinados sus poemas en las colinas

los rebeldes censuran a sus cronistas

mientras tanto dejo el mar y vuelvo

a ti vuelvo

por este arroyo en que corre tu desesperación

 

Escucho a los recitadores del Corán las mortajas los cadáveres

escucho el polvo de quienes se conduelen

aún no cumplo treinta pero me has sepultado una vez y otra

y nuevamente por tu culpa

emerjo de la tierra

permite a quienes oran por ti andarse al infierno

quienes venden souvenirs de tu dolor

aquellos que están de pie conmigo en las fotografías

 

Te llamo Medusa

Te llamo hermana mayor de Sodoma y Gomorra

tú   pila bautismal que arde todavía

FAKHRI RATROUT (Zarqa, Al-Zarq, Palestina, 1972)

 

COSAS QUE EXTRAÑO

 

Esta noche extraño muchas cosas:

Que sostengo el perfume que perdí

de una mujer hace mucho tiempo

Que Dios sea mi amigo

Que la tristeza no me ataque

Que sea yo en esta tarde

Que no vuelvo a pensar que soy el infierno de dios

con que castiga el mundo desobedecido

Que los locos se duermen en sus celdas en mis interiores

Que nadie se muera al fin de la noche

Que el espejo me muestre mi rostro falso

Que escucho el silbato de un grillo

Que mi cerebro no sea la cena del mundo

Que el mundo no se desnude frente de mí

Que la luna no mira sangre vertida en la noche

Que se duermen mis cortinas asustadas

Que no me muera esta tarde

Que el elefante azul no me aplaste

Que nadie me pregunte:

¿Qué es el elefante azul?

AHMED AL-SHAHAWI (Damietta, Egipto, 1960)

 

ASÍ ES MI TUMBA

هكذا قبري

 

Quiero ser enterrado solo.

Nadie antes, nadie después de mí.

Que me arropen en sudario de lino

Como un viejo sabio egipcio

Y que mi cara mire al cielo

Quiero llevar conmigo mis perfumes

Y mi cepillo de dientes

Y los poemas que aún no recitaba

Y los libros que no leía

Para no salir desnudo por la ciudad

Que me den papeles y lápices

Para que la tumba no me estrangule los sueños

Que asomen dos moreras sobre mi nombre

Me gustaría elegir del libro de Alá la azora “Lee”

Y la aleya: “No le hemos enseñado la poesía”

Para que las dos sean testigos

Y que escriban mi nombre en caligrafía persa

Y con caracteres árabes.

Tal como le gusta a Alá ver a un poeta como yo.

No existiría lo que prohíbe las frutas y las mujeres

Porque el paraíso puede que no está debajo de mis pies.

FERNANDO CAZÓN VERA (Quito, Ecuador, 1935)

 

LA VACA OBESA

 

La vaca obesa

no contempla la rosa

ni llora en la tormenta.

 

 

Cuando el campo madura

mira la soledad de su terreno

y en la luna distante

cree encontrar los cuernos

de su toro arcangélico.

 

La vaca obesa

ha de morir un día por nosotros.

SONIA MANZANO (Guayaquil, Ecuador, 1948)

 

LA PROMESA

 

Si algún día me incautan las dos manos, 
si decomisan los jilgueros de mi lengua, 
si allanan mi huerta de ajiceros 
las bandadas de cuervos picoteantes. 

Si me quiebran el vidrio de los ojos 
para que acepte el cristal de las renuncias, 
si me amarran a la pata del silencio 
para hacerme escoriaciones en el alma: 
maniatada, amordazada, desnucada, 
sin ninguna otra opción en la esperanza, 
le causaría moretones a la angustia, 
me diera con el viento de trompadas 
hasta salir con los brazos más eternos 
por las abiertas costuras de la noche. 

MARITZA CINO ALVEAR (Guayaquil, Ecuador, 1957)

 

INFIEL A LA SOMBRA

 

En aquel tiempo

me involucré con la nada

postergué las palabras

me divorcié de mi sexo.

 

Dios me aguardaba

en un lugar de su piel.

Oculta en su túnica,

con misticismo terreno

reescribí el evangelio.

SIOMARA ESPAÑA (Manabí, Ecuador, 1976)

 

LA MUJER QUE AMABA A LOS HOMBRES

 

Amo a los hombres

dijo

seres sin perdón

sin lengua o seña

 

Amo la tozudez de sus banalidades indecencias

sus manos que retuercen la cordura

y arrastran los despojos de su prohibido amor hacia el abismo

 

los que se elogian en la noche de himeneo

mientras yacen en la garras de la duda

y en la alta maraña del deseo

erectos y violentos

arrastran al cubil de los festines su furia primorosa

mientras envuelven

como lanzas

como  trenzas

sus paleolíticos dedos

en las ondas del postrero cuerpo

dijo

 

Pero más amo a los inteligentemente andróginos

amo sus delgadas manos de escribidor o artista

incapaces de esgrimir su propio nombre

porque sueñan ser llamados

Paris, Alejandro, Lucifer o Antonio

dijo

 

Amo también la voz enderezada

que cabalga la armonía de mi nombre

dijo

y me inclino cien veces como necia indescifrable

ante el más siniestro de los hombres

que con lengua inversa y reluciente

me lleve hasta el oído

ordinarias y perversas

estupideces santas que les crea