Festival de Poesia Ileana Espinel Cedeño - Guayaquil 2019

HIPÓLITO ALVARADO (Guayaquil, 1929)

 

Alrededor de los ojos de ella

 

hoy he vuelto a ver unos ojos

desde nunca siempre vistos

desde tres esquinas de tiempo de trompo

desgirando hacia atrás su propia espiral

en otros ojos más pequeños

que atisban desde adentro

la tarde de niños y de pájaros

jugando en el portal las bolas oo   o   oo

bajando

            una

                        escalera

ojos vueltos en el aire para arriba

tragaluz

desde el fondo del cielo para abajo

las nubes

su cabeza el pelo

cascaditas negras en los hombros

y en el charco de agua al final de la escalera

su cabeza

mi cabeza encima de sus hombros

reflejadas contra el piso

interminable caracol de sus pies para abajo

de mis pies para arriba

sus ojos se topan disculpe

oh no mía es la culpa estaba en el cielo

contemplando unos ojos

ella apagó su sonrisa

escondió sus ojos

y se fueron de largos sus cascadas negras

remansadas en la espalda

y se acabaron para mí las gradas

hasta olvidé donde iba

sólo sentía que iba bajando lentamente en un túnel

al otro tiempo más abajo

ella desde las gradas del jol me esperaba

nos miramos un chispazo de luz

otro chispazo de más luz

y devolvió los ojos a sus amigas

conversa sonríe

habla voltea y mira

y yo espero en suspenso su mirada

descubro en silencio el fino vuelo del mensaje de sus ojosç

de sus manos y de sus dedos

de su anillo

desde entonces han volado

muchas tardes de soles abatidos

muchas noches de lunas desgastadas

cuántas cosas han pasado desde entonces

hasta lluvias y relámpagos

despistados del invierno

algunas veces la veía en el bar

o simplemente caminando

en la vereda del parque del tránsito aéreo

muy de su marido colgado del brazo

escondiendo en los repliegues de la blusa

sus tres meses de espiga para adentro

alguna vez en el parque centenario

muy de mamá inaugurando el cochecito

an gú

            an gú

                        an gú

mírale tiene los ojitos de ella

escamitas verdes en fondo de plata marina

profundos

alegres

inquietos y hoy la he vuelto a ver

desde una noche de verano temblorosa de frío

sol escondido detrás de sus ojos

delante del cristal oscuro

mirándome

mientras habla por teléfono

hola

yo estoy detrás de esa mole con figura de hombre

sentada delante de mis ojos

número equivocado señor

sabes te amo desde la escalera de entonces

número equivocado señor

sabes

oh dios están cruzadas las líneas

te amo desde el portal de la esquina

tú parada en las gradas mirándome

qué dice

que te amo desde la esquina de siempre

nunca

imposible soy casada

olvídelo

clip

y a mí que me importa carajo

yo sólo sé que te amo y eso basta

CARLOS EDUARDO JARAMILLO (Loja, 1932)

 

Adiós Naranja Mecánica

 

La revolución del cordero sexi /profetas

                          beatniks teníais razón/

conjugó fábulas modos tiempo histórico

dio y encontró la onda en la que el Hijo del Hombre

                                              anduvo

o su espíritu de nuevo está

las misas Godspel Jesucristo Super-star

                         o cualquiera otra

con percusión sonido electrónico

folk — esto es importante

                    sobre este rock levantaré mi iglesia-

y sobre todo no perder la fe

no caer en el pecado

              /tampoco era válida toda la profesía

                               Ginsberg podrido/

marihuana sí heroína no

la personalísima comunión de los hongos

                               el ácido o el peyotl

la polarización del sexo

la no violencia

se va haciendo con las costumbres nuevas La Escritura

Adiós a los viejos sabios: Jesús niño

                      vuelve a poner en jaque a los doctores de la ley

adiós Clockwork Orange ultraviolencia

la libertad no tendrá más esa cola atávica

adiós águilas buitres adiós héroes guerreros

las generaciones bélicas pasarán al basurero de la historia.

FERNANDO CAZÓN VERA (Quito, 1935)

 

Memoria

 

Un año pasa pronto

pero un día

se queda muchos años.

 

El sueño

se va como un suspiro.

 

Cuando llueve

te recuerdo desnuda.

RODRIGO PESÁNTEZ RODAS (Azogues, 1937)

 

Lección de historia y geografía

 

La tierra es redonda,

casi, casi,

si no fuese por esos

achatamientos

en los polos.

De tal manera

que cualquiera

le puede patear

y sin remedio.

Por eso fue

que Cristóbal Colón descubrió

que sembrando pepas de calabaza

en el un hemisferio

se podían obtener buenas dictaduras militares

en el otro.

JOSÉ LUIS VILLACRECES (Riobamba, 1940)

 

Mi madre

 

Era un manantial de agua cristalina y fresca,

fue dueña de un panal con excesos de dulzura.

era la abejita obrera que en su afán conversa,

con sus flores cómplices en esencias de ternura.

 

Dar y enseñar fue siempre su cálido destino

por eso inválida  hizo su última faena,

unió a sus hijos como en el cielo estaba escrito,

bendiciendo uno por uno…en la postrera cena.

 

Un Viernes Santo habló con el Señor estremecida,

le rogó por sus hijos, los pobres, los irredentos,

y por el viejo compañero motivo de su vida:

mañana estarás conmigo le dijo Nazareno.

 

Y cumplió el Creador lo que había prometido,

para ella la RESURRECCIÓN fue aquel día,

El acarició su rostro y besándole la frente,

le puso una diadema igual al de María.

CARLOS ROJAS (Guayaquil, 1943)

 

Posibilidades del placer

 

1

 

De vuelta a la rutina del placer

vienen días

                   objetos

a lo mejor puntos suspensivos

La vida transcurre agigantada

                                        lenta

Ese hombre

                    esta mujer

                                       aquel espacio

y yo impávido

cabalgando (tal vez) en silencio tras ellos.

 

 

2

 

Quizás el uso de la palabra sea lo más placentero

y solo lo descubrimos al hacerlo

o tal vez nunca.

 

 

3

 

Pero

        y acaso el amor

esa turbia tibieza en ejercicio

ese morir

               nacer

                          y viceversa

Y todo en algo menos que un instante.

ROSA AMELIA ALVARADO (Guayaquil, 1944)

 

Naufragio

 

Navega por mi cuerpo de agua

nauta vestido de espuma

iza tus velas

hunde tu proa

en la llameante tempestad

de mi carne

 

déjame mojar tu maderamen

bañar tu barca de piel quemada

 

suelta tus amarras

ven a danzar en mi danza

de caracola desnuda

 

ven a encallar tu

navío en mi puerto

 

ven a aplacar conmigo

la furia de todos los vientos

SONIA MANZANO (Guayaquil, 1948)

 

Información

 

Marco al uno, cero, cuatro:

pregunto si yo consto,

si yo estoy,

si yo me llamo,

si en marzo me cambian el teléfono,

si guardo relación con cualquier número,

si he pagado mi cuenta y a qué nombre.

Cuelgan.

Cuelgo.

Cualquier otra posibilidad suena ocupada.

No puedo más,

no queda más:

vuelvo a inventarme.

HERNÁN ZÚÑIGA ALBÁN (Ambato, 1948)

 

Vatares del vate

 

Se edifica mísero con su estro

y sabe que esa riqueza no es de este mundo.

 

Conoce su híbrido lagrimeo 

de sentidos vinagres y almíbar

de acolites poéticos con la yunta

siempre a punto de abortar la metáfora.

 

Se consagra el mismo

con el premio de vivir

y se corona con su rama de almendro

en las sienes cenizas.

 

Hace lámpara ante el prójimo

que le pregunta a gritos :

¿qué eres loco? o ¿eres el diablo?

 

Y la suerte

que ha nacido aquí cansada

con su enorme baba sedante

remoja lasciva los huesudos torsos

de los profetas juglares del hormigón.

 

Su jean raído se para solito

ante el resplandor apocalíptico

de la lluvia ácida.

IBSEN MANZANO (Guayaquil, 1951)

 

Los Dioses

juegan al póker

sobre el pecho

de una vieja moribunda,

los astros

desafían a los Dioses

cambiando las órbitas dictadas,

los mortales

criamos cuervos y otras aves de rapiña;

pero lo cierto

es que no existe forma alguna

para que todos

nos pongamos de acuerdo.

EDUARDO MORÁN NÚÑEZ (Guayaquil, 1957)

 

El fantasma

 

El día se despeñará si remedio

en la quebrada caliginosa,

deja ya de sujetarlo inútilmente con tu bastón de ébano.

El aire es un mugido

cargado con olores extraños.

Voy a salir.

Búscame el sobretodo

de palabras absurdas.

Pónme en el cuello

la bufanda que cosiste

con hilos de escarcha.

Afuera la luna estornuda

igual que un perrillo constipado.

Abre el balcón y hazla entrar.

Después,

le das a los zapatos un lustre

como el esplendor de la mañana.

Y cuando me haya ido

baja al comedor,

alguien habrá dispuesto la mesa

y cierta frescura de hojas,

aunque

hoy no comeremos la apostólica merienda.

Es tarde.

Pero no saques el automóvil.

Voy a caminar.

Llama al aguacero por teléfono.

Y no vayas a esperarme inútilmente toda la noche.

Duérmete, viejo fantasma.

Que únicamente cruzaré un  suburbio

maloliente,

y un  muladar degenerado.

MARITZA CINO ALVEAR (Guayaquil, 1957)

 

La palabra fue el terror

de mis ancestros.

Fundaron

la tiranía de un dialecto

 

Invicta

a la desproporción del miedo.

Soy la única

infiel a la razón.

GALO GUERRERO JIMÉNEZ (Catamayo, 1959)

 

Esperando a alguien

 

Desde la profunda oquedad del tiempo

me consumen tus noches de miel

en cada estación de la vida.

DANIEL CALERO SOLÍS (Guayaquil, 1962)

 

Cráneo resquebrajado

 

Siempre sueño

con bisturíes enterrándose

en mi cerebro

y los versos desparramarse

entre aturdidos dedos.

 

Siempre temo

mutilaciones de pensamientos

temo olvidar

todos mis secretos.

 

Yo creo

abandonar con lento paso

este paraje pequeño

salpicado de acusaciones

romper el alífero tiempo.

 

Sobre mi cráneo resquebrajado

caerá el látigo en silencio

después un laberinto habrá

donde hubo tanto misterio.

RAMIRO CAIZA (Machachi, 1963)

 

La palabra

se ahoga constante en la frente

corroe inasible la despedida

levanta polvaredas grises

que envuelven a los ojos taciturnos

golpea

el clamor de una jaula abandonada

un grillete que estalla en la

oscuridad centellas baten desesperadas

sus alas ensimismadas

desesperante

aquí yace el desafío hecho palabra

el canto con sus ojeras negras

al filo del tiempo irremediable

constante pero lejano que se va

en la noche

baratijas cruzadas en los caminos

se prenden ponzoñosas para lucir

fantasiosamente el bienestar inefable

pobre en el límite de la hoguera

que se extingue. 

RODOLFO SALAZAR LEDESMA (Guayaquil, 1968)

 

Las ciudades tienen muchos marginales, no solo en los arrabales.

-En algunos solares viven artistas populares, con don de gente y saber de intelectuales-. No son necesariamente quienes están en portales de iglesias, catedrales o vendedores informales que golpean los municipales. Pensiones, moteles, burdeles, proliferan en la perimetral, ese gran brazo que como abrazo estrangula a la ciudad.

Brinda con vaso de cristal el trago la canción de J.J. un siniestro personaje, vacíos algunos dientes, raído pero en traje, el Diablo y el ultraje son noticia a diario.

Pero en el sitio también habita Madre Coraje, un son de la Sonora suena ahora, la señora asemeja aun vieja con su alegría y donaire a una reina negra que se alista para el baile, llevando en una mano un balde

y en la otra una princesa la sujeta.

Caminan sobre algo que parece asfalto, a 100 metros en una buseta un asalto, la ley del más fuerte, una partida de dados a la cual parece no hay como ponerle reparos, hacinados nacen, mueren y a cada paso el chulco, el chulo, la rabia, la cara agria, como una gran herida, que uno que otro a pulso de esfuerzo, alegría y cordura en ocasiones logra cerrar la sutura.

La basura de otros, los chamberos recogen con sus caretillas, en flojas camisetas -debajo de las cuales pura piel y costillas-.

Recorren la ciudad con sus hijos, rodando como en montaña rusa, como un ciempiés a lomo de una rata. Su ruta una fruta ya mascada. Ojos, mirada. Nos están viendo. Los estamos olvidando y dando la espalda.

La mujer chambero también existe, y también es triste, siempre de pantalón, nunca un vestido o falda y a su oído jamás un alago.

Quizá sus sueños sean de un rojo intenso, su corazón algo de piedra,

pero igual inmenso.

El bien y el mal, la usura es otra basura y no es percibida como tal,

junto a todo lo que nos apura: lujos y demás embrujos.